Martes, 16 de julio de 2024. Estamos en temporada de campamentos, de caminar. Quien más quien menos tiene en los meses de verano alguna excursión, alguna escapada a la montaña. Y los más audaces se atreverán con rutas largas, como puede ser el camino de Santiago. La metáfora de la vida hecha realidad. Un camino externo que es el espejo vital del interno, no puedes recorrerlo como si estuvieras de turista porque lo más seguro es que te pegue una bofetada de realidad.
En el camino, como en la vida, hay subidas y bajadas. Etapas que parecen un paseo y otras que son puras rompepiernas. Igual de duras son las cuesta arriba, como las cuesta abajo. Que se lo pregunten a unas maltrechas rodillas o a unos pies con ampollas si es mejor hacia arriba o hacia abajo. Hemos de transitarlas si queremos llegar a nuestro objetivo. En el camino, no tienen lugar los «por si acaso». En la mochila lo justo, si te pasas llenándola de cosas, llevarás a tu espalda una losa que no te dejará avanzar. Puedes ir acompañado, sin embargo el camino es solitario. Parece una contradicción, hasta que lo vives. La única compañía con la que cuentas eres tú mismo. En la vida ocurre lo mismo, puedes tener maestros, mentores, y te acompañarán un tramo del camino. Pero siempre llegará un momento, para pasar al siguiente nivel, en que deberás seguir por tí mismo.
A partir de aquí, yo no te puedo acompañar
El mentor llega cuando el alumno está preparado y se va cuando realmente lo está. No sé quién lo dijo. No podemos pasarnos la vida debajo de las alas de otras personas. Sean quienes sean. Aunque tengan la mejor de las intenciones, sus consejos, sus opiniones, hasta sus críticas constructivas no son un mapa hacia donde tú quieres dirigirte. Si tienes claro hacia dónde vas, si quieres llegar a Roma, no te montes en el primer avión que despegue. En este aspecto me vienen a la mente tres momentos. En mayo estaba en un taller literario, rodeada de grandes escritores y la persona que lo facilitaba, una gran maestra entre maestros, alguien a quien merece el esfuerzo de escuchar en directo, en una de las dinámicas me dijo que tenía que priorizar. Y no dijo más. Los verdaderos mentores tienen una mirada especial, de vida, de sabiduría. Lo apunté y me pasé todo el fin de semana esperando un momento de soledad para reflexionar. Pasó el tiempo y en la feria del libro de Madrid fui a saludar a otro maestro de maestros que estaba firmando sus libros en una caseta. Hablamos un poco y me dijo que tenía que mostrarme. No hacía falta que me dijera más. Él también tiene la mirada de sabiduría, de los que han llegado más allá de la montaña. Por último, aunque es el más antiguo en tiempo, en uno de los cursos de crecimiento personal, participé en una de esas dinámicas de alto impacto, que tanto le gusta a las personas. Por el único modo de superar los miedos es afrontándolos y con ese tipo de dinámicas, se forman lo que se llaman anclajes emocionales. Las hay de todo tipo, romper flechas con el cuello, tablas con la mano, andar sobre brasas y, como fue en mi caso, andar sobre cristales. En esa dinámica, una persona te acompaña en el trayecto, pero quien andaba sobre cristales fui yo. Quien decide hacerlo es quien se expone, quien elige a los que van a acompañarlo en el trayecto y al llegar al final del recorrido quien les recibirá.
Tú eres valioso, lo creas o no
Priorizar, mostrarme, decidir o lo que es lo mismo, ser consecuente con las decisiones. En estos días mi última novela «La Oportunidad del Fénix» duerme en la carpeta de proyectos finalizados. Una vez terminado un borrador, es bueno dejarlo descansar un par de meses antes de comenzar con la edición. No sé si despertará. Llevo escribiendo desde los 10 años. Quizá es el momento de terminar. El objetivo nunca fue publicar novelas. Es posible que ese borrador que solo hemos leído dos personas, se quede ahí. Entonces ¿para qué escribes? podría preguntarse alguien. La respuesta es bien sencilla. Escribo para mí, lo sé suena muy egocéntrico pero cualquier escritor te confirmará que escribimos para nosotros no para los lectores, para entender y poder gestionar las circunstancias para dar nuestra respuesta a la vida. Porque la escritura para mi no es terapéutica, ni sanadora, es vital. No requiero de la palmadita en la espalda para escribir. No requiero publicar para sentirme satisfecha con mi trabajo. Eso no depende de mi, hay muchas variables que se escapan de mi control. Mi valor no está en tener 100 libros publicados (que no los tengo) o vender millones de copias (que tampoco). El valor de mi escritura, se la doy yo. Va más allá de su utilidad. Aunque nadie me leyera, si a mi me vale, tiene utilidad y sobre todo tiene valor. Me permite vivir experiencias que yo decido. Mi objetivo nunca fue firmar libros o llenar salas para dar conferencias o talleres.
El cuarto pétalo del Ikigai
Cuando se habla del encontrar tu ikigai, se habla de cuatro pétalos. El primero es lo que te apasiona. El segundo lo que se te da bien. El tercero por lo que te pueden pagar y el cuarto es lo que puedes aportar a los demás. Donde confluyen los cuatro pétalos, ahí está tu propósito vital. Toda una filosofía de vida resumida en cuatro líneas. ¿Y a qué viene que hables de esto ahora? Respondo con una pregunta ¿Tu trabajo está en la confluencia? Si tu respuesta es afirmativa, disfrútalo. Si no lo es, quizá llevas la mochila equivocada. Y ahora te lo llevo a mi terreno. La escritura pudo ser mi propósito vital. Sí, lo digo en pasado porque en mi presente llevo un mes sin escribir más allá de estos artículos. Estoy en modo reposo. Lo que me apasiona ahora está en modo cuesta abajo, como en el camino. Se me da bien, sí, aunque tenga dudas a veces. No me frena. Me pueden pagar por ello, Arcoíris de Medianoche sigue a la venta. Y sea mucho o sea poco, mi escritura puede hacer que la gente que me lee se plantee cosas, ese es mi servicio. Me ha costado tomar la decisión, pero en la actualidad estoy priorizando otro proyecto. Me estoy dando a conocer en otra faceta que engloba otras pasiones. Sí, estar en la década dorada, la que va de los 40 a los 50, para decidirme a emprender otro vuelo puede ser de locos. No es que escribir sea para cobardes, al contrario, pero mi lado rebelde y creativo me lleva a ir más allá, ultreia como se dice en el camino. Me ha llevado casi 50 años salir fuera de las alas de otros y atreverme a volar por mi cuenta, desplegar las mías y ver mi valor por mi misma. Más vale tarde que nunca. Mis mentores me han acompañado hasta aquí, ahora quiero seguir hacia mi objetivo que no tiene que coincidir con el suyo. Cada uno estamos dentro de nuestra película, de nuestro camino. Les agradezco la compañía, con sus cosas buenas y sus cosas malas (que también las hay), eso que vaya por delante. Para llegar al siguiente nivel requiero de otras cosas. Sé que llegarán otras personas a mi vida que me aportarán otra sabiduría pues vivimos en constante formación en este avance de la espiral ascendente.
Y hasta aquí por hoy. Te dejo con la incógnita de mi nuevo proyecto, aunque lo he dejado entrever. Estoy en otra etapa de mi camino. Si te resuena y te atreves, te leo. Que pases una fantástica semana.
