Elecciones

Martes, 14 de mayo de 2024. No, no voy a hablar de las elecciones que se han celebrado en Cataluña este fin de semana. Quien me conoce un poco sabe que no tengo problema para ser políticamente como me da la gana, pero en este caso, no se trata de eso. Con el título me refiero a nuestra capacidad de elegir, de ahí que la imagen sea el dilema entre dos opciones, como si fuera una actualización de pastilla roja o pastilla azul de Matrix.

¿Qué hacer, seguir o parar?

Vivimos en un mundo que, como poco, es dual y nos movemos siempre en entre un sí y un no. Porque elegir es decir a algo que sí, y a lo demás que no. Si vas por un camino, rechazas el otro. Si haces caso al GPS, desoyes a tu intuición. Parece algo que se mueve entre lo banal y lo obvio. Sin embargo, nuestras elecciones marcan, y mucho, nuestra vida. Sí, hay situaciones que darán una segunda oportunidad o una tercera. Otras en cambio, no tendrán vuelta atrás. ¿Somos conscientes de la importancia de esas decisiones que tomamos en segundos? Por lo general no, porque ser consciente de todas las implicaciones haría que nos quedáramos quietos, no avanzáramos. Las películas, las series o los libros están repletos de ejemplos de elegir por una calle y no por otra y todas las consecuencias que conlleva. Si hubiera ido por otra calle, habría encontrado al amor de su vida, la oportunidad de trabajar en algo que es su pasión, o el encuentro inesperado con los maleantes de turno que le robaran, si no le dan una paliza o lo hacen algo peor. Conduces por una gran ciudad, por una calle con semáforos y cuando estás a dos metros, el verde cambia a ámbar. ¿Qué haces, aceleras o frenas? Estás en un restaurante mexicano, y al taco le falta un poco de picante, si te pasas una pizca, pasarás una noche horrible. ¿Dónde está el umbral? Y son ejemplos sencillos, cotidianos, seguro que tú tienes en la mente muchos más.

¿Qué habría pasado si…?

Tu vida se conforma de lo ocurrido después de decidir qué hacer con las circunstancias que te rodean. Lo sé, suena muy filosófico, muy de Ortega y Gasset. La experiencia me dice que es así. Cambias una decisión, aunque parezca pequeña, y toda la vida cambia. ¿Dejarías de ser quién eres por ser otra persona? En apariencia eres el mismo, pero en esencia no tanto ¿o sí? ¿Te imaginas si tuvieras la posibilidad de encontrarte con todas las posibles versiones de tí mismo? Hay más de un libro que desarrolla esta hipótesis, cuando era joven existía una colección que se llamaba Elige tu propia aventura y en películas, ¿no es el argumento principal del Día de la Marmota? ¿Acaso no son eso los videojuegos, una forma de probar diferentes opciones, diferentes caminos para alcanzar la última pantalla? Da igual el tipo que sea, hasta las primeras pantallas sencillas del Tetris, cambia una pieza, o espera a que caiga la barra roja para hacer 5 líneas de golpe. La partida cambia. Y si no lo consigues, se reinicia y vuelves a empezar con la partida para ver dónde llegas. Parece siempre la misma, pero no lo es. ¿No será eso lo que subyace en la opción de la reencarnación? ¿Volver a la vida una y otra vez hasta que encuentras todas tus decisiones para alcanzar el objetivo que te marcaste? ¿Un reinicio de partida? ¿Depende de tu elección o tendrá que ser otro quien venga a salvarte, a sacarte del pozo donde te has metido? Si cambias una elección, todo lo posterior cambia.

Entonces, ¿Cuál es la mejor elección?

Nadie lo sabe. ¿Cómo? Mientras no la tomes, no sabes dónde te llevará. Hasta dejar que otros elijan por tí es una decisión. Un gasto de tiempo y energía. Quizá por eso las grandes mentes, sí estoy pensando en Steve Jobs, decidieron no decidir sobre la ropa que llevaban. A otras personas les motivará mucho pasarse un tiempo delante del armario, o delante de las opciones de te, de café o del desayuno. Mientras estás en eso, no estás en otras cosas. Tu decides la importancia que le otorgas. Y si no eres capaz de elegir, es posible que termines en modo multitarea lo que conlleva no prestar por completo tu atención. Pones la tele, y al mismo tiempo estás pendiente de las conversaciones de las redes sociales, de las noticias, de las distracciones que internet te ofrece. Hay tanto que elegir que quedarte solo con una, es como si te perdieras el resto. Sin embargo, me temo que no le sacas todo el jugo a esa actividad si tu mente está en el bucle de los mil pensamientos. No digo que hagas mil acciones a lo largo del día, sino que estés plenamente consciente en lo que haces. ¿Por qué nos molesta tanto estar con una persona y que esté pendiente del móvil? Porque nos resta atención. Y puede que llegue un momento en que digas, ¿para qué hemos quedado? ¿Para qué sigo aquí? Estás disfrutando de un baño, y tu cabeza ya está planeando. O estás en un curso, un concierto, un libro, un evento al que querías ir desde hace tiempo, y no lo disfrutas porque lo deseabas tanto que ahora que lo vives es como si se te escapara de las manos. Nuestras elecciones marcan nuestra satisfacción. ¿Quieres abarcarlo todo? Vas a requerir más de una vida.

Estar en lo que estás

El auge de la meditación, de estar en el momento presente, viene de ahí. Si tu cabeza está en las elecciones pasadas, aparece la depresión. Si proyecta las opciones futuras, aparece la ansiedad. Si te vuelcas en lo que haces, estás presente en el presente, entonces observas, decides sin juicios y te abres a las posibilidades desde otro lugar. En la meditación, en la atención plena a la respiración, todo se diluye. Puede que te aburras por la aparente no acción. Si eliges perseverar en tu elección, las cosas cambian. Solo rindes cuentas a ti mismo. No hay nada fuera que no parta de lo de dentro. Es tu elección. Aunque sea monótono o no te guste el trabajo en el que estás, tú eliges la actitud con la que lo realizas. Sí, ya sé que estar echando asfalto en verano no es la elección primera de nadie. ¿A quién le gusta eso, o pertenecer a una cadena de montaje donde siempre aprietas las tuercas impares de un coche, porque a tu compañero le tocan las pares? ¿Qué importancia tiene la colocación de un ladrillo? ¿Hacer la masa de una barra de pan en un obrador? Depende de tu elección en lo que a actitud se refiere. La vida puede ser una losa, una condena, un valle de lágrimas, o tener un sentido. Nadie puede arrebatarte la libertad de elegir tu actitud. Y esa libertad, también implica el cambio, por mucho que los demás te lo puedan echar en cara. Son tus elecciones cotidianas las que conformarán la vida que llevas.

¿Te resuena? Si te atreves, te leo. Pasa una estupenda semana.