Aleph

El lunes me compré el último libro de Paulo Coelho “Aleph” y hoy me lo he terminado. Con muchos de sus libros me ha pasado que más que leerlos los he devorado. Me siento muy identificada con ellos, como si sus libros llegaran a mis manos cuando necesito leer palabras así. ¿Se puede explicar mejor? Si no has vivido algo parecido dudo mucho de que lo comprendas. Aunque pudiera explicarlo, no sé si querría hacerlo. Hay cosas que hasta los escritores sólo escriben para ellos mismos y no permiten que nadie más lo lea. Son esas frases que anotas en el aire o bajo siete candados. Frases que quedan en el alma y sabes que tarde o temprano reflexionarás en algun momento de soledad.

Cuando cogí el libro me acordé de la canción de Nena Daconte. No se puede decir que sea mi grupo favorito y la verdad es que escuchándola, tiene que ver con el libro, de cierta forma. Lo siguiente que pasó es que busqué en la wikipedia el término “Aleph”. Me condujo a un libro de Borges, al inicio de varios alfabetos, entre ellos el hebreo y el arameo. Leí sobre el número que contiene todos los números, o al menos es lo que entendí. Soy más de letras que de números. Mi mente tenía que crear una imagen para representar esa palabra, al igual que cuando miro el ordenador quiero ver algo más que 1 y 0, aún sabiendo que eso es realmente lo que hay detrás de la pantalla. No se trata de romanticismo, ocurre con los colores que por mucho que me cuenten que son realmente ondas que nuestros ojos transforman, prefiero ver el rojo, el verde o el azul. Si normalmente usamos lo que tenemos a nuestro alrededor ¿por qué no usar la imaginación para ver el mundo? ¿Por qué no ver el cielo azul, o el verde mar? Dejemos que los ojos sigan viendo e interpretando la realidad, que los oídos escuchen el sonido que nos envuelve más allá del ruido.

El libro es la historia de un viaje. Es el contar una historia dejando que las emociones del lector se vayan entremezclando con la realidad y la ficción, explorar una isla, cada uno desde su propia historia, ser el lugar de encuentro y de intercambio. ¿Leemos el mismo libro los lectores? Aún a riesgo de equivocarme diría que no. Ni siquiera somos los mismos al empezar que al acabar. El constante cambio que tantos filósofos han contado. La excusa es un viaje provocado por una circunstancia por una especie de crisis que hace que slagas de lo cotidiano para embarcarte, con más o menos miedo, en un viaje cuyo destino conoces y desconoces. Quien tiene alma de peregrino sabe de lo que hablo. Al final, no importan las etapas sino el camino. O como bien dice el libro, la vida no son las estaciones sino el tren. Las palabras invitan en más de una ocasión a cerrar el libro y centrarse en los pensamientos que provoca.

La historia de un viaje en tren, en el transiberiano. Viaje que han realizado muchas personas, que algunos realizarán y que otros jamás conocerán. El no hacerlo no implica que no se pueda experimentar; porque cada uno tenemos nuestro propio tren, nuestras estaciones y nuestro destino. Cada uno a su ritmo, con su propia historia, con los proyectos a medio terminar o por empezar. Todos, en el mismo momento en el que abandonamos el país de los sueños y nos levantamos tomamos el tren de la vida. No importa si vas en la locomotora o en el último vagón. Y como hay música para todo, me viene  a la memoria la canción del tren de Luz Casal. Podemos cambiar de lugar en el transcurso del día y compartir el vagón con otras personas o no. Como en los atascos, que permiten jugar con las caras de los otros conductores, de los demás pasajeros.

¿Recomiendo el libro? Creo que llegará a las manos de quien necesite leer algo así, independientemente de que lo recomiende o no. Lo que a mi me puede ayudar o gustar, puede ser un estorbo o un bodrio para otros. A quien le guste Coelho, lo reconocerá en estado puro y le encantará, no me cabe duda. A quien no le guste, puede perderse o encontrar alguna frase que le toque. De todo se puede aprender, aunque al principio las ideas no sean afines a nosotros. Son palabras de personas para personas. Y eso es importante. Al menos para mí.

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