Martes, 1 de abril de 2025. Comienza el cuarto mes del año, según el refranero lluvioso, sin una nube en el cielo. El clima de una tregua, es temporal lo sé porque se acerca una borrasca, para poder reponer la vitamina D de la piel. No podemos sacar del cajón el bikini, pero al menos no necesitas abrigos de -40º. Sí, lo sé, estoy exagerando.
Llevo unos días viendo en los medios de comunicación, sí, todavía existen fuera de las redes sociales, recomendaciones sobre kits de supervivencia en caso de no poder salir de casa. No lo dicen pero el la situación geopolítica para los catastrofistas aboca a una guerra. Repito, no lo dicen… es la excusa de las sociedades modernas para reajustarse. Y la palabra que me viene a la cabeza cuando escucho esos discursos es MIEDO. En 2020, los que lo habían olvidado, descubrieron el poder del control por miedo. ¿Miedo a qué? A todo. A las sanciones, a perder bienes, relaciones o incluso la vida. Cuanto más miedo tiene una persona, más maleable, más manipulable y más controlable. El miedo anula la confianza, la autoestima, la capacidad de decisión. Porque no actúas por libertad, sino por miedo. Se vuelve gigante y paraliza hasta el punto de perder tu personalidad, loo que te define. Claro que es una emoción que tiene cosas buenas, nos mantiene con vida, pero fomentarlo en exceso puede ser muy perjudicial. Miedo a fallar, a fracasar, a caer, a no ser suficientemente buenos, a la soledad, a morir.
Así que, hoy voy a hablar del kit de supervivencia, pero no desde el miedo que limita y paraliza. ¿Cuál es tu kit de supervivencia? Piénsalo. Eso sin lo que no puedes vivir. Ahí donde estás, mientras lees mis palabras. Qué es a lo que no quieres renunciar. No hay respuestas erróneas. Por ejemplo, en mi kit de supervivencia está la sonrisa de mi hijo. Puedo sobrevivir sin salir de fiesta, pero no quiero renunciar a esa sonrisa. Puedo vivir sin ordenadores, dejar de conducir. Pero en mi kit de supervivencia siempre estará una conversación. Puedo prescindir de las gafas. Pero en mi kit de supervivencia siempre estará mirar más allá de las circunstancias. Puedo vivir, sin ninguna duda, sin el brócoli o las alcachofas, pero en mi kit de supervivencia hay al menos un libro y chocolate. Porque ante la destrucción del mundo, somos creadores de nuestra propia realidad. Y eso no es egoísmo, sino supervivencia. Un ejemplo. Tras unos días sin hacerlo, la semana pasada saqué el coche del garaje. Cuando volví a casa, recibí un SMS «supuestamente» de la DGT para decirme que tenia una multa pendiente de pago. Un SMS que juega con el miedo a la sanción. Que te llega de forma inesperada y que genera inquietud. Bien, lo primero es que LA DGT NUNCA NOTIFICA LAS SANCIONES POR SMS (mayúsculas y negrita para que nadie se engañe). Lo que me llegó es un fraude generado posiblemente por un hackeo en el que han quedado expuestos los datos de miles de usuarios. Me resultó muy llamativo que me llegara ese SMS justo el día en que he conducido. Lo segundo que hice fue verificar en la app de la DGT si tenía multas pendientes. Con la certeza de que no iba a aparecer ninguna. Como así ocurrió. Porque un básico de mi kit de supervivencia es «asegúrate de las cosas ciertas«. Ante el miedo, tranquilidad, para poder observar y decidir. Solo desde la tranquilidad y la observación se puede tener un pensamiento crítico, formar una opinión, discernir lo que es lo correcto para ti. Sí, el pensamiento crítico también forma parte de mi kit de supervivencia. Claro que cometo errores y que a veces confío en quién no debería hacerlo. Forma parte del proceso y de la aventura de ser humana. Se habla de supervivencia porque hay posibilidad de no hacerlo. A lo mejor ya no tenemos a un tigre dientes de sable a salir de casa, pero hay situaciones en las que podemos dejar de ser nosotros mismos para convertirnos en marionetas de otros, de una situación. Y por eso es importante que seas consciente de tu kit de supervivencia, revisarlo de vez en cuando porque las circunstancias cambian y se puede adaptar. Por ejemplo, no creo que sea muy necesario un traje de neopreno en pleno desierto, por mucho que durante años hayas vivido en la costa. Si te mudas a la montaña, lo mismo las chanclas de playa no son lo más útil. Ah! y algo que sí o sí no falta en mi kit de supervivencia es la música, para la cual no hace falta instrumentos ni auriculares. Si guardas un poco de silencio y abres la ventana escucharás la sinfonía que te rodea donde todo tiene su lugar, hasta los motores de los coches.
No quiero terminar sin volver a la pregunta ¿Cuál es tu kit de supervivencia? Lo que hace que sigas adelante cuando todo quiere que te quedes dentro de la cueva, en un rincón a oscuras. No el que te han dicho que es mejor para ti, sino el que sientes en lo más profundo de tu ser. Un kit que no se guarda por si ocurre algo malo y tener reservas, sino que va creciendo cuanto más coherente seas, más alineado con él estés y más lo pongas en movimiento. Y si en él llevas esos valores inmateriales que son esenciales para ti, mejor que mejor. Porque en ese kit estará lo que hace que seas tú. Te dejo con la pregunta y si te resuena y te atreves, te leo. Que pases una fantástica semana
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