El efecto Sinatra

La idea inicial no es mía. No recuerdo si la primera persona que escuché hablar del “efecto Sinatra” es Francesc Miralles o Álex Rovira. Después he podido comprobar que hay conferencias de diferentes personas sobre ese efecto con diferentes formas de abordarlo, hasta tiene página en facebook. Pero para mi, el tema es nuevo sobre el que quiero reflexionar. Lo voy a condensar en una frase, que tampoco es mía, porque la mayoría de los grandes triunfos se basan en pilares de otros, inspiraciones de otros: No olvides nunca lo que te hizo triunfar.

No olvides tu esencia

Lo que quiero decir se ve perfectamente en el mundo de la música, de ahí que se use a Sinatra para nombrarlo, pero se puede aplicar en cualquier sector, hasta en el día a día. ¿Cuál es tu cantante favorito? Por seguir con él, pongamos que es Frank Sinatra. ¿Te podrías imaginar un concierto de él sin cantar “Fly me to the moon” o “My Way”? ¿Un recopilatorio sin sus grandes éxitos? Más de uno se sentiría engañado ¿verdad? ¿Por qué los cantantes repiten sus éxitos cuando hacen conciertos? Da igual el estilo musical que prefieras, lo hacen todos. Porque precisamente son eso, sus grandes éxitos, con los que llegaron al corazón del público, lo que les lanzó a la fama, su mayor triunfo. Algo que los diferenciaba de los demás y que conectó. Es su primera vez. Y es importante. Ese primer triunfo contiene su esencia, su fuerza, su actitud y su voluntad. Estoy segura que ningun cantante de éxito se olvida de ese momento, es un anclaje importante y un refuerzo. Sirve para cantantes, para conferenciantes, para escritores y, aun a riesgo de equivocarme, diré que para todas las profesiones en mayor o menos medida. Recordar los inicios, esa primera entrevista de trabajo que salió bien, llena de confianza para afrontar una nueva. ¿Lo extrapolamos a otros ámbitos? ¿Recuerdas la primera cita? ¿La primera vez que viste a una persona que ahora es especial para tí? ¿La primera vez que cruzaste unas palabras con el que hoy es tu mejor amigo, tu mejor amiga? ¿La primera vez que te sentaste en el asiento del conductor de un coche? Lo que para algunos son nimiedades, para otros pueden ser grandes triunfos y por ello no hay que subestimarlos. ¿Tu primera tortilla de patata perfecta? Es importante, porque si lo has conseguido una vez, ¿por qué no vas a lograrlo más veces? Cuando nos enfrentamos a un reto, algo completamente nuevo, podemos aferrarnos a esos pequeños triunfos para hacerlo con más confianza. El primer ochomil, la primera ola que surfeas o el primer libro que publicas.

La primera vez para otros

Me contaron que en un concierto de Sinatra, justo antes de empezar, se quedaron prácticamente sin sonido. Un cortocircuito hizo caer toda la instalación a escasos minutos de salir al escenario. Menudo panorama ¿verdad? ¿Qué podían hacer? ¿Aplazar el concierto? No había fechas. ¿Suspenderlo? Quizá habría sido lo más razonable. Frank Sinatra salió. Se entregó por completo, haciendo al público contener la respiración para escucharle. Ya no tenía su prodigiosa voz, estaba al final de su carrera y moriría en 1998, pero seguía teniendo un don especial. Hizo disfrutar y vivir un momento inolvidable a todos los que asistieron a ese concierto de 1992. Para todos, Sinatra, equipo, público fue su primera vez. Cantó todos sus éxitos, habló con el público, les contó las historias de sus canciones. Acabó agotado pero satisfecho, feliz. ¿Por qué salió al escenario? Quien me contó esa anécdota decía que explicó que sabía que mucha gente llevaba ahorrando tiempo para ese concierto, con mucho esfuerzo, que llevaban mucho esperando ese momento y que por ellos, él iba a darlo todo. No era el primer concierto de Sinatra, pero sí que para los asistentes era su primer concierto de Sinatra en su ciudad. ¿Notas la diferencia? Nunca sabes cuándo va a ser la primera vez para tu público. Estoy segura que ese concierto pasó volando el tiempo y se convirtió en un momento único. Ése es el efecto Sinatra. No recuerdo si es Michael Jordan o Lebron James quien decía que al salir a la cancha jugaba al 100% siempre porque no sabía si el público le había visto jugar antes. A los dos les pega perfectamente esa filosofía de vida. Dar lo mejor de uno mismo siempre para marcar la diferencia.

Tu elección, tu actitud

En mi vida hay varias fechas marcadas con fluorescente. Una de ellas es el 25 de febrero de 2019. Hay un antes y un después de esa fecha en mi vida. Jamás se me olvidará. ¿Por qué? Porque era la primera vez que me ponía frente a un profesional para hablar de Arcoíris de medianoche. No era la primera novela que escribía, ni la primera que quería publicar. Pero era un paso importante. Me ponía ante un experto con autoridad para escuchar su opinón sobre mi borrador. Antes de ese momento, me imaginé la situación mil veces, o más. Y la mayoría de las veces no acababa bien precisamente. No era un examen, pero para mi estómago era como estar ante un precipicio. Estoy segura que él llevaba a sus espaldas un montón de asesorías literarias. Para mi, era la primera vez y no sabía si sería la última. Mi confianza como escritora no estaba en su mejor momento. Entrar en este mundo es toda una aventura, puedo asegurarlo. No hace falta decir que cuanto más se acercaba la fecha, más nervios, más insomnio y más imaginación desbocada. Seguro que tengo más de una cana por esa preocupación. En lo que se refiere a la tecnología, también hubo un conato de corte de electricidad, el ordenador no quería arrancar. No estaba en mi mano poder controlar esas circunstancias, aunque me descentraron mucho más de lo habitual. Seguro que mi vivencia de ese momento es muy distinto al que tuvo Alejandro Quintana. Sé que ambos compartimos la misma actitud. Lo sé porque tras ese primer encuentro, colaboramos juntos para ofrecer la mejor versión de mi novela. Corregimos los fallos, alguno se nos escapó seguro, y potenciamos los aciertos. Ese 25 de febrero de 2019 para mi está en la lista de mis triunfos. No sé lo que me deparará el futuro, lo que tengo claro es que es mi efecto Sinatra. Cuando mis fuerzas flaquean, cuando me pregunto si merece la pena seguir o debería abandonar, ese momento surge en mi memoria. A partir de ahí, pienso en mi esencia, en mi estilo, en lo que produjo los destellos de calidad. Ya lo hice una vez. Puede volver a pasar. Depende de mi. Y si meto la pata, sé que tendré apoyos. En todo camino del héroe hay aliados. Es la gran lección de la memoria ancestral. Por muchas dificultades que te encuentres, puedes hacer único y especial el momento que vives para tí y para los que te rodean, depende de tu actitud. Eso no significa que tengas el triunfo garantizado, aunque es cierto que cada uno de nosotros entendemos el triunfo de forma diferente. No siempre se traduce en cuentas bancarias o reconocimiento público. Puede ocurrir, y se agradece cuando hay reconocimiento, pero se puede ir más allá. 

El efecto Sinatra, no te olvides de lo que te hizo triunfar por primera vez, sirve en lo profesional y en lo personal. Es lo que te diferencia de los demás. ¿Qué es lo que hizo que tu pareja se enamorara de tí? Si no lo sabes, pregúntaselo. Puede ser el principio de un día apasionante. ¿Te atreves?

 

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