Estoy de vuelta

¡He vuelto! Está costando más de lo que pensaba, por los cambios en el editor de WordPress y en varias redes sociales. Pero hoy es 1 de Septiembre y quiero retomar la costumbre de escribir en el blog. Tengo un montón de libros pendientes de comentar y reflexiones por publicar. Este inicio de curso viene cargado con ideas y proyectos. La mayoria, me temo, no pasarán de ideas, otros acabarán en el cajón de los desastres o de las ideas que repensar. Pero bueno, es lo interesante de las nuevas metas, pueden ser flexibles. ¿Pueden? Casi diría que deben ser flexibles y adecuarse al tiempo, a la capacidad y sobre todo a la voluntad.

Estos meses he estado muy centrada en mi novela. Bueno, decir centrada no es del todo correcto, porque han sido días de escribir y borrar. ¿Por qué me dará la vena perfeccionista si sé que no suele llevar a ningun sitio? Escribo y leo. ¡Error! Es de primero de academia de escritura. Error de novatos. Cuando escribes, ¡NO LEAS! Escribes la historia hasta el final o saltando entre escenas si te apetece, pero nunca pares y leas el párrafo que has escrito porque te darán ganas de corregir, de reescribir o de tirarlo a la papelera. Eso provoca bloqueos y que el texto se eternice. Os aseguro que si me concentro, podría escuchar la voz de mis profesores y mentores diciendo exactamente eso: “Continúa escribiendo hasta el final”. Es como un mantra o una jaculatoria. A veces he pensado en ponerlo en grande en el escritorio, para centrarme cuando la mente se distrae de la canción profunda de las palabras.

Parece que tras dos libros publicados hay errores que no debería cometer. Pues no. Lo hago una y otra vez. La diferencia es que ahora soy consciente de las patadas al diccionario o a la gramática. Que a veces está bien sacar la patada espartana, al estilo videojuegos, con las reglas. Todos llevamos un rebelde dentro, pero para eso hay que dominarlas y aun se me va. Sí, otra frase muy de profesor. Normal. Muchas de mis victorias, son batallas prestadas de otros. La originalidad tras milenios de existencia humana es un don muy muy escaso. Retomo la idea para no irme por otros derroteros. En este mismo texto, estoy segura que los cambios en los verbos pueden volver loco a cualquier lector. Sé que puedo perder la atención de más de uno. Y no es un efecto buscado para quedarme con los mejores, simplemente estoy escribiendo sin contener mis ideas, a borbotones, dejando que salga tal cual. Poco a poco me iré centrando, lo prometo. Es cuestión de que vaya pillando el ritmo y pueda adecuarlo. No busco escribir bonito. Eso no va conmigo. Un texto puede ser perfecto en reglas, precioso en formas y carecer por completo de alma, no engancharse a la mente del lector, no aportar nada que pueda cambiar el día. A quien le guste escribir así, perfecto, pero no me lo pidáis a mi. No soy de esos escritores, quizá precisamente ahí es donde reside mi estilo. Repito hasta la saciedad PERO, NO, GERUNDIOS, LA, LE… sí, es cierto ¿y? Yo cuento historias, no palabras. Este es mi blog personal, con mi estilo y mis excentricidades. Quien quiera leerme, fantástico y quien no, ¡gracias por participar!

Sí, cuento historias. ¿Para qué? Para provocar respuestas. Hay gente que su propósito vital es curar una enfermedad, tocar de forma excepcional un instrumento musical, hacer fortuna en el campo de los negocios. Para gustos, los colores ¿no? Yo cuento historias. A veces me complico demasiado. Como en la novela actual. Otras veces es una historia que fluye como Arcoíris de Medianoche. Mi estilo se está formando y me arriesgo sin miedo a explorar mis límites. Se puede esperar cualquier cosa. Para mi, lo importante es no dejar indiferente. Hasta las malas críticas son críticas. Desde luego que prefiero las que son constructivas, las que aportan, las que se hacen desde el corazón, para mejorar. Pero tampoco puedo gustar a todo el mundo. Es iluso e ingenuo siquiera plantearlo. Quiero provocar respuestas, no soy responsable de ellas. Eso es cosa del interlocutor. Al igual que en la respiración, que entra y sale aire de los pulmones, que en latir del corazón hay dos movimientos, en la comunicación, hablada o escrita, también hay dos movimientos. Y la responsabilidad de cada acción corresponde a cada sujeto, por separado. Me explico. Yo escribo. Tú lees. Yo soy responsable de lo que escribo, no de lo que tú interpretas con la lectura. En mi cabeza puede estar todo clarísimo y que sin embargo tú solo percibas caos. Y te aseguro que en las novelas, poco a poco aprendo a tenerlo en cuenta. Pero tu interpretación es tuya y depende de tantas cosas que si la tengo en cuenta por completo, me volvería loca. Yo no controlo tus circunstancias. No controlo ni las mías, como para poner a intentar controlar las tuyas. No sé si me lees asqueado de tu vuelta a la rutina, o desde la hamaca de la playa. No sé tus sentimientos, si estás enamoradísimo o te has llevado una tremenda decepción. Todo eso influye en tu lectura. Y por eso, yo cuento historias para provocar respuestas. La que des es asunto tuyo. Intentaré hacer mi parte lo mejor posible. Las carencias que detecto intento cubrirlas a base de hacer cursos, leer y reflexionar. Mi actitud es de eterna aprendiz, de observar y de escuchar lo mejor que puedo. Es mi parte de esta comunicación.

¿Cómo cuento las historias? ¿Mi método? Cambia con cada texto. Sé que hay muchos que usan herramientas como fichas, resúmenes, hasta apuntes en pizarras, o papelitos en la puerta. Cada uno usará lo que más le ayude. En mi caso, mi desorden caótico tiene más organización de lo que parece. Me gusta probar nuevos caminos. O nuevos vuelos. ¿Por qué limitarse con la tierra, si hay todo un cielo u océanos por explorar? Caminar, abrir las alas o nadar. Es divertido. Si soy capaz de mudarme la piel para meterme en la cabeza de mis personajes, no tiene sentido que me ponga límites, ni de espacio ni temporales. ¿Por qué? ¿Por lo que pueden pensar los demás? ¿Hay que pedir permiso para ser uno mismo? ¿Eres adulto o un niño? Por poner un ejemplo, más de uno en la actualidad estaría con el lenguaje inclusivo, duplicando los nombres, o poniendo una “x” o una @. Conmigo que no cuenten. Me aburre, me parece tedioso tener que poner “¿Eres adulto, adulta o un niño, una niña?” Personalmente, me parece una gilipollez, una pérdida de tiempo. Sí, hay gente con la piel muy fina , que no se da por aludido si no se pone su opción. Si es feliz así, en plan ombligo del mundo, todo suyo, pero como ya he dicho esa parte es de los lectores, no mía. El texto se entiende igual, hasta me atrevería a decir que se entiende mejor cuantas menos repeticiones hay. Soy libre, guste o no.

 

 

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