D.E.P. Periodismo

Escribir este post cuesta mucho más de lo que puede parecer. Es como dejar atrás una parte de inocencia. O hacer un desgarrador examen de conciencia de la profesión que elegí hace muchos años. Y es que, estamos viviendo unos días en los que he vuelto a leer las Razones para la Esperanza de Jose Luis Martín Descalzo. Y sí, me han dado ganas de decir aquello de Me acuso, Padre, de ser periodista. Es un artículo publicado en 1983. Han pasado casi cuarenta años, sin embargo me parece de rabiosa actualidad. Aunque en este caso por algo más preocupante. Ya no es por ennegrecer el mundo, el sensacionalismo barato que ensuciaba la realidad, sino que es más bien por la ausencia de periodismo. Y no sé qué es peor, la verdad.

¿El Cuarto Poder?

Si alguien lo encuentra en la actualidad, que me lo diga por favor. Parece que nos lo han robado como el Abril de Sabina. Hace años se hablaba mucho de él. Supuestamente, en democracia, además del Poder Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial, existía el cuarto poder, la Prensa, basado en el derecho a la Información de la Opinión Pública, independiente de los otros tres. Destapaba la corrupción, los abusos y denunciaba las malas prácticas a la sociedad además de informar de lo que ocurría, de los acontecimientos importantes. He puesto Supuestamente en negrita con toda la intención. ¿Dónde está en la actualidad esa libertad, esa objetividad, esa función? Si alguna vez existió, ahora brilla por su ausencia. Porque los periodistas no son objetivos. No pueden serlo cuando tienen facturas que pagar y patrones a los que agradar. Ya no son mensajeros objetivos que buscaban con lealtad y veracidad con su trabajo aquella repetitiva frase que nos enseñaban en la facultad de “Los hechos son sagrados, las opiniones son libres“. Bien, hoy… ni los hechos son sagrados ni las opiniones son libres. ¿Por qué? Porque los hechos son interpretados siempre desde una subjetividad. La misma noticia, contada por 5 personas, mostrará 5 verdades distintas. Atrás quedó lo de contrastar fuentes, leer varias versiones, informarte por varios medios. Es imposible en un mundo regido por la inmediatez. Antiguamente las noticias se daban a posteriori. Ahora, cualquier hecho, es capturado por varios ciudadanos con cámaras en sus teléfonos móviles y subido a las redes sociales en cuestión de segundos. Y repito, la realidad tiene tantas formas como ojos que la observan. La Era de la Comunicación en la que vivimos ha modificado por completo la forma en la que nos llegan las noticias, hasta el filtro de las mismas, haciendo que nuestra atención se disperse tanto como para que se difumine la sacralidad de los hechos. Recibimos constantes opiniones que no son libres sino intencionadas. Nadie es neutral. Todo tiene un motivo. Como buenos sujetos, convivimos con la subjetividad. Lo más extraño es que por enaltecer al sujeto, al final nos convertimos todos en objetos. Hasta los que se creen alternativos, que piensan diferente, con libertad, necesitan sentirse acompañados, pertenecientes a un grupo, a una tribu que les respalde, que les proteja. Y esa opinión tan libre, aprisiona con las  invisibles cadenas de la supuesta libertad.

¿Conspiración? ¿Control?

Una de las máximas antiguas decía que lo que no se muestra en los medios no existe. Por ello se aplicaba la censura. Bueno, se aplicaba… y se aplica. El poder es despótico y a veces disfraza de populismo lo que en realidad es un férreo control de la sociedad. Podemos verlo con claridad en países de regímenes comunistas, donde la libertad de la prensa es inexistente. En los capitalistas cuesta más verlo, porque más que prohibir, lo que se hace es comprar a la prensa. En ambos casos, se la anula, se convierte en un instrumento más para conducir a los ciudadanos como si fueran un rebaño. En estos días de confinamiento ya han saltado las teorías conspiratorias sobre el origen del virus que ha paralizado a gran parte de la humanidad. Algunos hasta se atreven a ir más allá como si fuéramos marionetas de un gran teatro y estas circunstancias se aprovecharan para controlar aun más a la sociedad. No tengo muy claro si se refieren a una escenificación global al más puro estilo del Show de Truman o bien esperan que las aeronaves de S.H.I.E.L.D. con su algoritmo nos juzguen sin que lo sepamos y decidan si debemos vivir o morir. Me pregunto quién será el guionista de Hollywood que ha pensado en todo ello. ¿Acaso no estamos ya monitorizados? En el momento en que decidimos hacernos con un teléfono móvil inteligente o entrar en una red social, compartimos nuestros datos personales, nos hicimos visibles, nos expusimos y entregamos parte de nuestra libertad, de nuestra intimidad. Somos observados constantemente en nuestras acciones, en todos nuestros movimientos. Lo que no sé es quién está detrás de esos monitores. Es casi un círculo maldito donde unos observan a otros y a su vez, esos unos son observados por otros. Parece un galimatías, lo sé. Estamos interconectados. Y en un mundo así, la prensa libre carece de sentido. Porque lo que interesa es que todos vivamos sin ser conscientes en ese cloroformo, en Matrix. Me llama la atención que en la ciencia ficción casi no hay medios de comunicación. ¿Falta de imaginación de los guionistas o anticipación de una muerte anunciada?

El camino del periodista en el siglo XXI

Me temo que los periodistas somos una especie en extinción y que precisamente han sido los periodistas los que lo han provocado. Es más fácil dar a la sociedad lo que quiere a lo que le conviene. Se confunde servicio con servilismo y amabilidad con hipocresía. Olvidando la principal función, se pierde el sentido del oficio de periodista. Y si a eso se le añade que a favor de un derecho a la información universal, se ha desprotegido por completo el camino del periodista. Pues, entre todos lo matamos y el periodismo se murió. ¿Cualquiera puede ser periodista? En la actualidad el intrusismo profesional es atroz. Somos una sociedad visual y sin embargo descuidamos por completo la aptitud de los que están delante de las cámaras. Parece que es más importante ser un crack dando patadas a un balón o en una pasarela, tener un cuerpo espectácular, que aprender a comunicar con veracidad. ¿Es lo que el público demanda o es lo más sencillo? Nunca he tenido claro si la sociedad demanda telebasura o es telebasura lo único que se ofrece a la sociedad. Desde luego es el contenido más cómodo. Das lo que quieren oír. Es lo que quieren oír porque es lo que les das. Como una gran pescadilla que se muerde la cola. Otra vez el círculo maldito. Entonces ¿Cuál es el camino del periodista en el siglo XXI? No lo sé. No tengo una bola de cristal ni una varita mágica que funcione. Hay periodistas que se han reinventado como contadores de historias, narradores con más o menos fortuna en pos del nuevo periodismo a través de blogs, webs o libros. La comunicación está en lo más profundo del ser humano y quienes sentimos esa llamada, por mucho que la intenten o intentemos acallar sabemos que está ahí. Quizá nos espera un periodismo diferente al que hemos vivido hasta el siglo XXI, quizá ya no tiene sentido seguir los antiguos paradigmas. Quien lo sabe. Lo que está claro es que el Cuarto Poder, si existió libre en algun momento, ha muerto. ¿Tendrá sustituto? Es incierto. Por ahora sólo queda el vacío que deja.

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