Gente

Se me ha pegado la canción de Gente de Laura Pausini. Me he despertado y mi mente estaba canturreándola. Como siempre, la música lleva aparejada recuerdos de viajes, de vivencias y en mi caso textos. Soy de las que leen con música. Eso implica que cuando escucho una canción, sea la que sea, a veces recuerde personajes, fragmentos de libros. Algunos tienen memoria fotográfica y yo tengo memoria auditiva. Tiene sus ventajas, y sus inconvenientes. No puedo repetir música al leer porque si el libro ha sido de los que impactan, la nueva lectura no conseguirá centrarme. Pero hoy, mientras escribo este post, escucho a Laura Pausini en uno de los primeros discos que sacó en español. Y peleando con la tecnología que hace que se conecte a los cascos cuando se activan en otra habitación, cosas del Bluetooth.

Día a día

¿Parezco dispersa en mis palabras? Estoy rodeada de impactos que reclaman mi atención. En estos días de estar en casa, donde parece que se nos ha regalado el tiempo que precisábamos para estar con nosotros mismos, corremos el riesgo de perdernos en lo pendiente, que lo urgente deje atrás a lo importante. Porque es importante que escuchemos nuestra voz interior y no siempre lo hacemos. Quienes practican meditación van a entender a lo que me refiero. Te sientas a meditar, cierras los ojos, te centras en la respiración y el bombardeo de pensamientos es constante. Peleas. Intentas que no te importe el tiempo. Surge un mail por contestar. Escuchas a un vecino con una taladradora. El camión de turno dando marcha atrás. Un texto que puede resultar el enganche para otro. Las tareas del hogar que no van a realizarse solas. La lista de la compra. Te rindes a la tentación, abres los ojos pensando que llevas más de 15 minutos en ese supuesto silencio. ¡Y no llevas ni tres! Te preguntas si la meditación no es para ti. Es justo lo contrario. Lo necesitas como respirar. Sólo es que te has quedado en las nubes, y el cielo es mucho más que ellas. Los nervios son algo normal. Es lo quete introduce. Por eso hay que tener disciplina y seguir, aunque parezca que no sirve para nada. La neurociencia te dice precisamente lo contrario. Y si, eres de esas personas que necesitas pruebas de eficacia que proceda de fuera de ti, te vendrá bien para no desanimarte. Si me lo permites, te diré que todos los meditadores en un momento de su camino se han aburrido profundamente en silencio con los ojos cerrados. Todos los que sean sinceros te lo dirán. Los que no, bueno, manejaran el autoengaño como puedan. Es como los que te dicen que pueden meditar igual en soledad y en comunidad. En soledad si te pones nervioso tarde o temprano lo dejas. En comunidad, puedes ponerte nervioso por la compañía, por los ruidos del de al lado, por tener que aparentar, y te sales del eje con lo que la percepción temporal hará que esos minutos sean horas para tí, te cree ansiedad. ¿Te ha ocurrido? Tranquilo, hay más gente que ha pasado esa experiencia

Encuentra tu gente

Tenemos la falsa ilusión de ser únicos. Nadie te entiende. Nadie sabe lo que estás pasando. ¿Seguro? Porque si echamos un vistazo a la historia de la humanidad, remontándonos a 6.000 años atrás… ¿cuántas personas han pisado la tierra? No voy a dar cifras, pero, seguro que unos cuantos millones… ¿Y tienes la mala suerte de que nadie haya vivido lo que tú en toda la historia? ¡Ojo! Eso no quita importancia a lo que sientes. Lo relativiza que es diferente. Porque tu dolor no te aisla sino que te relaciona con otros que se han sentido como tú a lo largo del tiempo. En algo tan pequeño como los nervios de sentarse a meditar y en algo tan grande como encontrar el sentido a tu vida. Son palabras mayores ¿verdad? Quizá demasiado grandes para un post perdido en la infinidad de palabras que se vuelcan en internet. Somos gotas que el romper de las olas salpican fuera del mar. Nos creemos diferentes, pero, somos agua. Es un instante el que tardamos en volver al océano. No estamos aislados, aunque cada uno se encuentre en su propio hogar. Compartimos mucho con el que está al otro lado de la pared. ¿Y si no? Si no compartes nada, busca tu gente, encuéntrala. Hay más como tú. ¿Una muestra? El ser humano desde el principio se ha organizado en grupos, en tribus. Ahora lo seguimos haciendo. Te asocias a valores parecidos a los tuyos, a un equipo de fútbol o de baloncesto en concreto. A unas ideas políticas, económicas o sociales. Somos individuos que tendemos a ser masa. El problema viene cuando vives sólo desde esa masa. Si tienes un lindo cerebro en tu cabeza, o un corazón que late en tu pecho, ¿por qué te olvidas de ellos para dar prioridad a esa masa? En la masa, eres un objeto más. En el individuo eres sujeto, si escuchas tu propia voz, claro. Porque a veces en el silencio de tu ser, no escuchas tu voz, sino la de los demás. Te pierdes y sólo eres un repetidor más de un mensaje que creer. Haces cosas sin preguntarte para qué lo haces. Lo haces, simplemente, te dejas llevar, aunque sea al barranco, o al matadero. ¿Quieres que te diga lo que tienes que hacer? Lo siento, eso te toca a ti descubrirlo.

Copos de nieve

Dependiendo de la cultura en la que te encuentres, la nieve es nieve o 47 tipos diferentes de nieve. Dicen que si observas los copos por separado verás que no hay dos diseños iguales. Generalizamos y le llamamos a todo nieve. ¿Qué sentido tiene que sean diferentes los copos? ¿A qué jugaba la vida, Dios, o lo que sea para ti para hacer un diseño tan específico? ¿Se aburría la naturaleza o es simplemente cosa del azar, una mera casualidad? Si eso ocurre con un copo de nieve… ¿puede pasar con los seres humanos? Es donde quería llegar. La gente es el conjunto. Podemos usar muchas palabras para definirla. Y si metemos una parte en el particular microscopio, veremos que esa gente está formada por individuos que no son iguales. Somos diversos en la globalidad. Es algo bueno. El diseño es perfecto. Diversos, aunque con elementos comunes. Por eso no tenemos por qué aislarnos cuando algo nos preocupa. Un simple copo de nieve que cae al suelo no viste de blanco nuestras calles, nuestros tejados. Hace falta más de uno. Diría que más de 100, con unas circunstancias de temperatura concretas. Antes de tomar la foto que ilustra el post, estaba convencida de que no iba a cuajar, porque el tejado estaba mojado y caía en poca cantidad. Al cabo de un tiempo, abrí la ventana y me sorprendí porque en la persistencia de ese nevar, había cuajado. Hice la foto para recordarme que es posible. Copo a copo, gota a gota, persona a persona, las cosas suceden. La vida nos da lecciones en las cosas más simples. Sólo tenemos que saber mirar, observar lo que sucede y dejarnos sorprender. Veremos fuera lo que no conseguimos ver dentro. Que somos individuos, una masa, un conjunto de órganos que forman un cuerpo. Repetimos en nuestras sociedades lo que somos como individuos. Repetimos fuera lo de dentro. Quizá por eso, si queremos solucionar los problemas de fuera deberíamos volver al diseño original que llevamos dentro. Llevamos años recibiendo señales para ello, quizá este confinamiento, esta situación que vivimos es la forma más clara para que lo hagamos. Puede que te pongas nervioso. Puede que te cueste. Recuerda, cada uno en donde se encuentra está librando esa misma batalla que reconoces en tí. Como dice la canción, somos Gente.

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .