Sinesio Delgado

IMG_8904 (3)Para mí, hasta hace unos días, Sinesio Delgado sólo era una calle, un cartel indicando una salida por un trayecto habitual. Nada más. Una calle que ni siquiera es la que ilustra el post. Una más dentro del plano de Madrid.  No era importante, al menos no para mí. Que recuerde nunca he tenido que ir concretamente allí, ni conozco a nadie que resida. Es una calle más. En las ciudades hay muchas. Son lugares de paso a los que no prestas atención. Al menos es lo que nos ocurre a la mayoría de los adultos. Estamos tan enfrascados en lo que tenemos que hacer que caminamos  pensando en el destino sin fijarnos en las calles. Nuestra mente nos insiste en la falta de tiempo y pasamos por las calles por puro trámite. A veces estaría genial el teletransporte. Nos ahorraríamos mucha contaminación y mucho tiempo. Sin atascos, prisas ni malos humos. Iríamos de A a B en un chasquido. Sería fantástico ¿no? La imaginación de muchos escritores nos han hecho creer que es posible.

La mirada de un niño

Los niños miran las cosas de forma diferente. Son como turistas del día a día. Tienen curiosidad e inquietud. Así, el domingo, mi hijo al ver el cartel de Sinesio Delgado, me preguntó quién era. Tenía que ser alguien importante para que le dedicaran una calle ¿no? Yo no sabía quién era. En muchos casos cuando se pone nombre a un edificio público o a una calle suele ser un político. Y eso es lo que le dije, pero, para verificarlo cogí el smartphone y lo busqué en Google. Y no, Sinesio Delgado no era un político, sino un escritor, un periodista. Autor de bastantes zarzuelas, director artístico del Teatro Apolo y, el creador de la Sociedad de Autores Españoles, conocida actualmente como SGAE. Ése sería el breve resumen de su vida y supongo que el motivo por el cual el Ayuntamiento de Madrid le dedicó una calle en su momento. Hasta que preguntó por él mi hijo, para mi era un completo desconocido, era una calle más, no una persona. Solo era asfalto, ladrillos, cemento, metal y cristal. No tenía vida, ilusiones o propósito vital. Es extraño que dediquen nombres a calles para conmemorar algo o alguien que es importante y que el paso del tiempo lo borre de la memoria. Da que pensar en lo relativo o minúsculas que son nuestras circunstancias. Creemos que nuestros problemas vitales son importantes y con el paso del tiempo, nuestro recuerdo cae en el olvido. Ese deseo de eternidad que nos han transmitido en la mente grupal del ser humano, no es tal. Porque nuestra sociedad eleva y olvida con la misma rapidez. Todo es efímero, caduco. Por muy importantes que nos creamos, el paso del tiempo borra la vida. Suena fuerte ¿verdad? Dejamos un legado a las siguientes generaciones que terminan siguiendo su camino sin importar quién lo empezó. Y lo más extraño es que nos pasamos la vida buscando dejar huellas en una playa sin darnos cuenta que las olas y el viento las borrarán. El paso de la vida no tiene memoria grupal eterna. Nada permanece. Lo que es importante para tí, tarde o temprano deja de serlo.

El esfuerzo del ikigai

Si nada permanece, entonces… ¿Para qué esforzarnos? Día a día buscamos superarnos en nuestro trabajo, dar lo mejor de nosotros mismos… ¿Para qué? La fama es para unos pocos. y poco duradera ¿Cuántos habitantes de Madrid tendrán dedicada una calle? Muy pocos. Y aún así, eso no es garantía de que se les recuerde. Nos dedicamos en cuerpo y alma a un proyecto, a escribir un libro por ejemplo, y cuando lo hemos hecho y con ilusión lo publicamos, dura un instante. Termina perdido entre las innumerables opciones de una librería, de una biblioteca o de una web, esperando que alguien le de una oportunidad y lea la historia que queremos transmitir. Termina siendo parte de los libros perdidos, amontonados en estanterías, guardianes de polvo, olvido y soledad. Hasta el escritor o la escritora de turno pasa página y se embarca en otro proyecto. La ilusión pasa. Quedan los cariñosos recuerdos, las alegrías a cuentagotas. El disfrute pasa y la vida continúa. Todo queda velado por una especie de melancolía que amodorra el alma. Tiene que haber algo más. La vida no puede ser un continuo pasar de un proyecto a otro, pasar páginas de calendarios, hasta que nuestros órganos vitales se cansan, se paran y dejamos de respirar. Necesitamos que haya algo más para dar sentido a lo que nos cuesta sangre, sudor y lágrimas. Existe y de hecho puede definirse con una palabra japonesa. IKIGAI. El motivo por el que nos levantamos cada día. Lo que da sentido a nuestra vida y nos mantiene en movimiento, con esperanza, con ilusión. Suena exótico o extraño, es el objetivo vital. A lo que te aferras para salir de la cama por las mañanas. Estar enfocado en ello hace que seas consciente de lo que te falta y que te centres. Va más allá de algo material, te hace salir de la espiral y de la zona de confort. ¿Quieres ser recordado? Marca la diferencia donde estás. A lo mejor no te ponen una calle, pero las personas que te rodean sabrán tu nombre y apellidos. Estarás dejando tu impronta en el mundo, mejorando sus vidas, o inspirando con tu ejemplo. Quien lo sabe. Es algo muy personal. Además ¿qué más da si eres famoso para el gran público actual si en un siglo dejarás de ser persona para ser un objeto? Piénsalo. ¿Cuál es la herencia que quieres dejar? ¿Para qué estás viviendo? No es demasiado pronto ni demasiado tarde para que te lo plantees. Hacerlo cambia el modo de vivir. Ralentiza. Porque valoras tu tiempo, te liberas del pasado y afrontas el futuro desde el presente. Más que buscar las consecuencias fura de tí, vives tu propósito desde dentro. Y la vida cambia por ello. Es una alegría profunda que está más allá de las tormentas temporales. Todo es aprendizaje, todo ilusiona, porque no viene de fuera sino que parte desde dentro.

Sinesio Delgado no escribió ni hizo lo que hizo porque le pusieran una calle. Eso fue consecuencia de estar convencido de lo que hacía. No importaba lo que ocurriera después de morir, sino seguir en su propósito. Los grandes nombres de la historia se miraron dentro y tenían esas razones para vivir, para seguir, para darlo todo. ¿Y tú? ¿Sabes cuál es tu propósito o estás buscándolo? Nunca es tarde 😉

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