Centrados en lo importante

No publico todos los días. Se puede comprobar con el calendario. El motivo es sencillo: mi nueva novela. Hay días que tengo muy claro sobre lo que van a ir los artículos, porque he terminado de leer un libro, he ido a una exposición, he descubierto alguna historia o la actualidad me da ideas. Pero, hay otros días que necesito sumergirme por completo en La Oportunidad del Fénix y no estar con varios textos a la vez. No sé cómo lo harán los otros escritores, pero, en mi caso me gusta centrarme de uno en uno. Y por eso el blog es tan informal dentro de la normalidad. No tengo un orden de publicaciones, ventaja o inconveniente de no querer programar los post. Sí, he dicho NO QUERER. Es una decisión personal. Los avances informáticos me permiten hacerlo, más prefiero enfrentarme al reto de escribir directamente. Aunque a veces use borradores para apuntar ideas al momento, la mayoría de los post los termino y se publican recién salidos del horno, como se suele decir. Porque mi trabajo de investigación, de preescritura, escritura y revisión es para la novela. Esa es mi prioridad. Eso no quita que intente dar la máxima calidad en los artículos, quizá por mi afán de perfeccionismo, pero, a lo que dedico la mayoría de mi tiempo día a día es a la novela. Y si tengo que elegir, siempre será mi primera opción.

Concentración

Cuando escribo, escribo. Parece obvio, pero, no lo es tanto. Vivimos en un mundo tan conectado, tan intrusivo, que casi hay que ponerse en plan borde para concentrarse. Me explico. Las ideas vienen y van. No tienen hora fija de inspiración, de ser capaz de decir lo que quieres. Entiendo que a las personas con trabajos rutinarios no les importe contestar a un mensaje al instante. Pero, en mi caso, a veces hay que aplicar medidas tajantes. Si estoy escribiendo, debo estar concentrada. Y si no contesto a los mensajes, es porque estoy ocupada. Así de sencillo. Puede que para la otra persona sea muy importante que conteste al instante, o que no tenga nada que hacer en ese momento. Pero, yo no elijo cuando voy a encontrar las palabras adecuadas para plasmar una idea. Y a veces responder a un mail o a un whatsapp me implica perder el hilo narrativo y tirar por tierra esfuerzos de días. Así que, en mi caso, es como si no existiera el móvil, mi teléfono es de cable y si lo descuelgo es porque estoy ocupada. Tu tiempo es importante, y el mío también. No es ser borde, es que mi trabajo es escribir, aunque lo haga desde casa. No tengo todo el tiempo del mundo, diría que es casi lo contrario. ¿Por qué digo ésto? Porque parece que estamos encadenados a la inmediatez. Y no es así. Tengo derecho a desconectar, a no estar localizable o disponible las 24 horas. Y no siempre es porque esté haciendo otras cosas. Hay momentos en que necesito parar, reconectar conmigo misma, ver si estoy yendo bien en mis decisiones, retirarme o salir a andar sin conexión. De verdad, es necesario apagar los aparatos de vez en cuando y quedarse en silencio, en soledad, en calma. Bastante ajetreada tengo la mente a diario como para además ser esclava de la tecnología.

Fuera de cobertura. No disponible

No hay mensaje por muy importante que parezca que no pueda responderse más tarde. Y no entro a diferenciar los importantes, los urgentes y los que deberían ir directamente a la papelera de reciclaje. La prisa, la vorágine del día a día, nos puede atrapar hasta en esos nimios detalles. Nos acelera. Y escribir no es eso. Cuanto más nos aceleramos, nos agobiamos, peor. No se puede forzar continuamente. Hay personas que buscan su ritmo a través de los hábitos o las rutinas. Te sientas ante el ordenador y aunque no valga para nada, te pones a escribir. Por la noche te das cuenta de que no hay nada de calidad en lo que has expresado. Así, un día, otro día y otro día. Creas el hábito, como si fueras un robot y obligas al cuerpo y a la mente a activarse. A otras no les sirve y son de momentos, de impactos. Cada uno sabe lo que le funciona. No digo que una opción sea buena y otra mala. Es igual que los que son más productivos por la mañana, por la tarde o por la noche. Los ritmos de cada persona son diferentes. Cada uno somos únicos. Podemos aprovechar la tecnología para nuestra productividad, o bien podemos usarla de excusa, para distraernos. La tentación de vivir pegados a una pantalla existe. Mas la vida es otra cosa. Lo importante es adecuar los avances a las personas y no al revés. Necesitamos nuestros espacios en blanco, igual que las aficiones o las rutinas. Apagar el móvil, ponerlo en modo avión, descolgar el fijo  y hacer silencio. ¿No decían antes lo de que paren el mundo que quiero bajar? Pues ahora, se podría decir “Estoy fuera de cobertura. No disponible“. Desconectas, para reconectar con tu esencia. Para darle silencio al cerebro. Puede que al principio parezca que eres insociable o que pierdes el tiempo. No es así. Lo curioso es que es justo lo contrario. Desconectas distracciones, te centras en lo que estás haciendo, sea lo que sea, escribir, andar, meditar y es como si el tiempo se expandiera, como si pudieras hacer más cosas. Tenemos el mundo en un bolsillo o a una pantalla de distancia. Es genial. Pero no pierdas que a ti mismo, a tí misma, te tienes mucho más cerca y a veces te olvidas. Eres la única persona que necesitas para vivir y de la que deberías estar pendiente. No es egoísmo. Si vas conduciendo, mejor céntrate en la carretera y pon el móvil en silencio. Si estoy escribiendo, estoy escribiendo y durante el rato que estoy en ello, ya sean minutos u horas, quiero estar centrada en el presente. Porque es el único tiempo del que puedo disponer, del que soy responsable. Poder estar conectada no implica que deba estarlo siempre. Por mi parte, decidí hace mucho tiempo cuando quiero estar conectada y cuando no. Porque me centro en lo que es importante para mi en este momento. Marco mis prioridades. Lo entiendan los demás, o no. Eso ya no es mi problema.

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