Star Trek: Picard

PicardUna de las cosas que me gusta de Amazon Prime Video es su catálogo, ya sea de series o de películas. Gracias a su variedad, he descubierto series que van más allá de las habituales ofrecidas por los canales abiertos. Las estrenan en su mayoría completas, sin esperar una semana para ver un nuevo episodio, con lo que puedes elegir cuándo y cuántos ves. Me gusta el tono de misterio, oscuro, que les dan a las producciones propias, desde Carnival Row a The Man in the High Castle o Treadstone. Todo sin anuncios que cortan el ritmo. Es la forma de dar el control del visionado a los espectadores. Hasta con el botón de pausa para coger algo de la nevera. Todo son ventajas, al menos para mí, que al tener el servicio Prime de Amazon tengo acceso a todo este nuevo contenido audiovisual en ordenador o en la televisión.

Picard

En el caso de Star Trek: Picard, el estreno va capítulo a capítulo. Lo cierto es que tenía ganas de ver la serie al tiempo que me daba ciertos reparos. El Universo Star Trek es amplio y complejo, no me considero una gran fan, pero, me gusta. He crecido disfrutando de las peripecias de la tripulación del Enterprise y no sabía qué esperar de la serie. No me gustan las series que utilizan ese universo con personajes completamente nuevos. Me suelen decepcionar, no me aportan nada interesante. Sin embargo, Picard es Sir Patrick Stewart, el original Jean Luc Picard, uno de los míticos capitanes de la nave. Hacia 17 años que el actor no interpretaba ese papel. Eso me indica que no se jugaría su prestigio en una bazofia de serie. Sí, le acompañarían nuevos personajes pero merece la pena darle la oportunidad aunque fuera semana a semana. Supongo que más de uno habrá pensado lo mismo que yo y habrá visto los primeros capítulos por ello. La verdad es que el episodio 1 me gustó. Es raro. Deja muchos hilos abiertos, muchas preguntas, y si no conoces el universo Star Trek puede perderte un poco. Pero tampoco es necesario ser experto para seguir el argumento. Te pierdes detalles, más puedes seguir la nueva historia. Eso es interesante. Porque abre puertas a un público nuevo y no defrauda al de siempre. ¿Habrá otros personajes antiguos? Bueno, el primero que sale es el Teniente Comandante Data, cuya presencia es esencial en la historia, el origen de la misma. Puede que haya más, no lo sé, sólo he visto dos capítulos. En el segundo, la trama se va complicando, presentando a los nuevos personajes, entrando en la historia de Picard, lo que va picando el gusanillo de la curiosidad para el capítulo que se estrena esta semana.

Recuerdos de tiempos pasados

Esperar una semana para seguir la serie me parece extraño, me recuerda a otros tiempos, la verdad. Por ahora, me merece la pena. Crea expectación. Lo bueno es que una vez emitido puedo verlo cuando quiera. Se va degustando la serie a cuenta gotas. En estos tiempos de Fast Food, de microondas y de pañales desechables, esperar casi se ha convertido en una opción aislada. Lo queremos todo ya y todo rápido. Resultados directos sin el proceso para llegar a ellos. Cada vez más nos pone nerviosos esperar. Estamos en una parada de autobus o de metro y necesitamos llenar el tiempo con algo, en el mejor de los casos un libro, lo habitual es sacar el smartphone y navegar por internet, ver las redes sociales… llenar el tiempo. Tenemos que sentir que no perdemos el tiempo, que estamos haciendo algo, que tenemos el control. Aunque esa sensación no es real. El autobús pasará cuando tenga que pasar, los amigos llegarán cuando sea. Estamos tan inmersos en la rapidez, que esa calma de no hacer nada, de ir despacio, casi nos da pánico. En escritura ocurre algo parecido, nos gustaría que la inspiración nos pillase trabajando desde el minuto uno. Y no. Las cosas tienen su ritmo, hay que saber esperar. No sé si sabemos tener esa calma en la vorágine del día a día. Llegamos a la noche y puede que tengamos la sensación de que nos falta tiempo. ¿Nos falta o simplemente no lo hemos vivido de forma consciente? Nuestra mente está constantemente en el tiempo futuro, identificada con todos los pensamientos que van surgiendo. Desayunas con las noticias, leyendo mails, pensando en lo que tienes que hacer en el día. Lo que me extraña es que no haya más casos de echarse la mermelada en el cafe, olvidos de tazas o quemarse al beber la leche caliente. Y todo a la carrera, que cualquier día te lavas los dientes con la crema para el dolor de rodilla y ni lo notas. Despertamos ya con la mente acelerada, con el piloto automático para no tener tiempo perdido. ¿Vivimos o nos dejamos vivir? Piénsalo. ¿Estás verdaderamente en el presente? Si algo descubro cuando hago meditación es la facilidad para irme con los pensamientos. La calma cuesta e impacienta, pone de los nervios. Lo curioso es que cuanto más ocupados estamos, más necesitamos ese momento de parar y ser conscientes. Quizá por eso es bueno darse cuenta de la utilidad de ir a capítulo por semana. Porque no es lo mismo la Fast Food que cocinar a fuego lento comida tradicional. No sabe igual. No alimenta igual. La tecnología nos facilita mucho la vida, los avances nos permiten tener más tiempo, aunque a veces no sepamos emplearlo y puede hasta debilitarnos, hacernos más comodones. Da qué pensar ¿no? Al menos a mí sí.

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