Soldados de Salamina

51FyKT0Vh8L._SX327_BO1,204,203,200_Segundo libro a comentar en esta semana. Merece la pena hacerlo. Porque hacía mucho que un libro no me atrapaba tanto como lo ha hecho Soldados de Salamina de Javier Cercas. Como siempre, no voy a hacer un análisis literario sobre la obra, porque no creo que deba y, por la razón más sobrenatural de todas, porque no quiero hacerlo. Los comentarios de texto se los dejo a profesores y estudiantes. Como escritora y lectora prefiero quedarme con lo que me van diciendo los libros, esa parte que es personal y es la verdaderamente interesante. La novela me ha atrapado y la he disfrutado muchísimo. Puede ser porque al ser periodista de profesión me sea sencillo encariñarme y ponerme en la piel de un personaje periodista que se encuentra con una historia que más o menos le interesa y le va atrapando poco a poco. Sé que muchos esperarán mi postura sobre los hechos que narra, pero, no va a ser así. La Guerra Civil Española es el contexto, más creo que hoy cosas mucho más interesantes que una simplista visión de buenos y malos, fachas contra rojos por usar términos que en la actualidad se entienden más. Y es que, ni los buenos son tan buenos, ni los malos son tan malos. En una guerra, ambos bandos pierden y todos luchan creyendo tener la razón. Las lágrimas corren del mismo modo por las mejillas y los corazones laten por igual. Muchas veces los que empuñan las armas son simplemente carne de cañón, se juegan la vida mientras los ideólogos viven en sus casoplones sin que les importe lo más mínimo las consecuencias de lo que provocan.

De los amigos del bosque a Stockton

Llegué a la novela sin ideas preconcebidas, sin haber visto la película de David Trueba, ni haber leído ninguna crítica o reseña literaria. ¿Hay modo mejor de llegar a una novela? Creo que no. La había oído nombrar en alguna clase pero no había despertado demasiado interés. Hasta que ví la noticia del Premio Planeta 2019 y pensé que algun día la leería. Para mí era un folio en blanco, un sin fin de oportunidades. El título me hizo pensar en una historia de guerra, lúgubre y dramática. Una historia más de guerra. Pero, para mí, no ha sido así. Con un estilo claro, directo, sencillo, ameno y muy agradable he ido siguiendo las peripecias de un periodista-escritor que al principio se niega a seguir escribiendo y que termina haciendo un relato real, insiste mucho en ello, sobre un hecho que cambia la vida de sus protagonistas. Pero lo interesante, repito, para mí, no es Sánchez Mazas, el fusilamiento de el Collell o la mirada del soldado republicano que salvó la vida de uno de los fundadores de la Falange. Esa es, por así decirlo, la excusa del libro. De hecho, no me interesa si es veraz o no. Episodios de ese estilo seguro que hay muchos en todas las guerras. Episodios de humanidad, que sorprenden y marcan un antes y un después en la vida de los que los viven. Para mí, lo que atrapa es el personaje del narrador. Ir recorriendo el camino de investigación que le lleva desde los amigos del bosque a Stockton. Como si ese recorrido de los personajes de la novela que el personaje narrador está escribiendo, fuera un bucle de la propia vida del personaje narrador. Es un ejemplo fantástico de metaliteratura, libros que narran libros, donde la realidad del escritor y la realidad de los personajes se juntan , sin fronteras entre la omnisciencia del escritor y su obra. Ya me había encontrado un libro así con El Mal de Montano de Enrique Vila-Matas pero he de reconocer que ni por asomo me atrapó tanto.

Enseñanzas de los pequeños instantes

La vida sorprende a cada paso. Es lo más increíble de estar vivo. No puedes dar por supuesto nada. Detrás de los desconocidos puede esconderse una historia fascinante que ni te imaginas. Quizá estamos tan acostumbrados al bombardeo de información, que oímos pero no escuchamos. Es difícil que algo nos sorprenda, nos toque de lleno en el corazón. Sin embargo cada día hay infinidad de cosas que podrían sorprendernos, sacarnos de nuestra rutina y cambiarnos la vida. Saber mirar, saber escuchar, atreverse a sentir más allá de lo que nos dicen. En el post anterior hablaba de disfrutar lo que somos. Mirar el mundo con los ojos de otro puede ser un buen comienzo. Dejar de pensar tanto las cosas y atrevernos a sentir. Es complicado en un mundo en el que todo se racionaliza, se busca explicaciones, hasta se justifica. Lo queremos todo límpido, objetivo, sin dobleces. Y no es así. No somos objetos, somos sujetos como tantas veces le he escuchado decir a mi aliado sabio (quien lea o haya leído Arcoíris de medianoche sabrá a quién me refiero). Por eso la objetividad sinceramente es inalcanzable. Aunque los periodistas nos pasemos la vida en pos de ella. Y mejor que sea así. Somos sujetos nos afectan las cosas externas y por supuesto las internas. Y cuando sentimos en nuestro interior el propósito vital, por mucho que lo retrasemos, no podremos negarlo si queremos ser felices de verdad. Un encuentro, un cruce de miradas y todo cambia. A veces de forma consciente y a veces depende del riesgo que queramos correr. A veces todo se resume en eso, en dejarse sorprender por las enseñanzas de los pequeños instantes. Lo que implica vivir en un constante aprendizaje, porque no sabes dónde va a saltar la próxima vez. Todo te sorprende y vives con intensidad, sin saber lo que producirán tus acciones, eligiendo lo bueno que te dicta el corazón. Sin pensar tanto, sintiendo mucho más lo que hará que ese lado borreguil desaparezca, porque nuestro corazón sabe mucho más de lo que el mundo nos cuenta.

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