El hombre que plantaba árboles

51Jg3uFGr7L._SX346_BO1,204,203,200_12 libros diferentes para el 2020. Podría ser el título de una categoría ¿verdad? Realmente es el reto que nos hemos hecho un grupo de escritores de la Academia de Oficio de Escritor, en la que participo. El hombre que plantaba árboles de Jean Giono es mi elección en el reto de Enero: leer un libro de menos de 100 páginas. Cada uno de nosotros eligió 12 libros para leerse en el 2020, buscando salir de nuestros gustos habituales. Los míos los iré desvelando cada mes. No significa que sólo me vaya a leer esos este año, seguro que serán muchos más, entre los que uso para investigar para mis nuevas novelas, los del club de lectura y los que caigan de los que me gustan. En este caso era muy sencillo porque son 62 páginas y tiene ilustraciones. Pero, eso no le quita ni un ápice de que sea una historia fascinante, de las que hacen pensar y anima a hacer propósitos personales y vitales. No voy a hacer ficha técnica porque he dejado el enlace y sobre todo en este post quiero hablar de lo que me ha aportado el relato de Jean Giono.

Plantar 1 árbol, tener 1 hijo, escribir 1 libro

No sé de dónde sale, pero, siempre he escuchado que para realizarse en esta vida hay que hacer eso: plantar 1 árbol, tener 1 hijo y escribir 1 libro. En mi caso, ya me he realizado, así que los años que me quedan de vida, supongo que son para disfrutar. Antes de continuar, sí, he puesto los números porque he querido hacerlo así, mi blog, mis reglas ¿no? Es uno de los placeres que puedo regalarme por ser una persona realizada. Ha sido completamente intencionado, digamos que es un guiño a mi lado rebelde, de ir a contracorriente. ¿Por qué digo todo esto? Porque el personaje principal, Elzéard Bouffier, el hombre que plantaba árboles iba más allá de las reglas. Nos encontramos su nombre en la página 39 por primera vez. Algo extraño ¿no? En un relato lo habitual es que el nombre del protagonista aparezca en la primera página. Porque una cosa es dosificar la información y otra muy distinta despistar al lector. Pero en este caso, el nombre de un personaje ficticio, no es tan importante como las acciones que realiza. El relato se resume de forma sencilla: el narrador hace un viaje por una parte despoblada de la Provenza, y se encuentra a un solitario pastor que le ofrece agua. Le acompaña al principio a hurtadillas y descubre que además de pastorear a las ovejas, se dedica a plantar semillas empapadas en agua por donde va. Un pastor que planta árboles sin saber si está permitido o no, simplemente no le interesa. Es un terreno abrupto, reseco, erosionado. No busca consecuencias, sino que él va dedicándose a su labor de repoblar, haciendo pruebas para poner las diferentes especies de árboles en diferentes terrenos para que prosperen y puedan crecer. Una acción solitaria de un hombre solitario que pasa inadvertido, que no conoce nadie. Un hombre que no decidió quedarse en plantar 1 árbol, sino que plantó muchos árboles porque no se resignó a hacer algo bueno sólo 1 vez.

Haz lo que te toca hacer sin esperar premios

El tiempo pasa y tras la Gran Guerra, porque el libro está ambientado en los años de la Primera Guerra Mundial, el narrador continúa su viaje por la Provenza, tras haber cumplido como soldado. Y el terreno que recorrieron sus pies, aquel terreno yerno, lo descubre cambiado. Hay pequeños bosques, está floreciendo. Los pueblos vaciados están recuperando a sus habitantes, se dan nuevas oportunidades de trabajo y el agua vuelve a correr en las fuentes. ¿Cómo es posible? ¿Qué es lo que marca la diferencia? Un hombre que planta árboles. Que construye en vez de destruir. La mayoría de los nuevos habitantes no sabrán nunca de su existencia. Él no verá lo que sus acciones están provocando. Es feliz cuando ve crecer los brotes. Y va extendiéndose, sin quedarse en los límites de su zona de confort. ¿Descubres la enseñanza de este relato tan corto? Haz lo bueno que te sale de dentro. Así de sencillo, así de revolucionario. Nos pasamos la vida de lo mal que está el barrio, la ciudad, el país o el mundo entero. Está bien quejarse y pedir explicaciones a los políticos. Pero ¿hoy has sonreído? No sabes quién puede necesitar  una sonrisa porque esté atravesando un momento difícil en su vida. Nos cruzamos con muchas personas. Piénsalo. O hacer lo que te toca con mimo, con cariño, siendo plenamente consciente de ello. Hacer el mal es muy sencillo, ¿Qué tal si haces algo bueno? Ahí donde estás. Sin importar las consecuencias, sin buscar honores, fama o un aplauso. Sonríe porque puedes hacerlo, saluda al vecino en el ascensor. No son grandes heroicidades, no saldrás en los periódicos. Pero, quizá, un gesto tan pequeño puede marcar la diferencia. Como escritora, en mi caso, me toca escribir relatos que merezcan la pena leer, que dejen poso, que despierten emociones. Para ello me formo, me conozco e invierto mi tiempo y mi energía. Puede que no vea los resultados. Pero mi semilla no quedará sin plantarse. ¿Y la tuya?

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