Escribir para vivir. Vivir al escribir

img_7010¿Se puede vivir de la escritura? Hace falta trabajar mucho y un pelín de suerte. Tienes que perseguir tus sueños, dándolo todo, aunque te llamen loco, ir a contracorriente y no abandonar a pesar del desánimo. Marcarte metas, claras y concretas, que puedan realizarse. Sueña a lo grande, y trabaja por ello siendo consciente de que no todo depende de tí. Metas a corto, medio y largo plazo. Con trabajo y humildad, aunque sin dejarte pisar por nadie. Si crees que es tu camino, apuesta por él ¡síguelo! Total, el mundo está lleno de imitaciones, de copias baratas que no te llevarán a ningun lado. Pero, quizá sea más interesante preguntarse lo que te hace vivir la escritura. De eso no suele hablarse. A través de ella podemos vivir múltiples vidas. Tenemos la posibilidad de cambiar nuestra historia con cada página. Meternos en la piel de los personajes y conocer cosas que en la vida corriente jamás haríamos. Por poner un ejemplo, puedo escribir sobre una pintora y no tener ni idea de coger un pincel. Y eso es alucinante. Porque puedes imaginar diferentes opciones vitales, dejándote llevar por la intuición, sin moverte de tu casa. No se trata de huir de la realidad, algo que puede pasar a veces, sino dejar volar la imaginación, fundir la intuición con la razón, con la confianza y descubrir nuevos caminos. Vives para escribir. Vives lo que escribes.

Vivir los sueños con los ojos abiertos

¿Estás satisfecho con tu vida? ¿Eres feliz? ¿Estás viviendo tus sueños? ¿Cumpliendo tu propósito vital? Son preguntas que surgen en el silencio y en la calma de la mente. Aunque intentes acallarlas, aparecerán tarde o temprano porque son las que dotan de sentido a la vida. Antiguamente se decía que una persona para realizarse tenía que plantar un árbol, escribir un libro y tener un hijo. ¿Se acaba la vida cuando haces las tres cosas? Porque en mi caso ya lo hice. ¿Y ahora qué? Ahora hay que volver al origen. No estoy diciendo que desandemos lo andado, estudiemos otra carrera y cambiemos de camino. Si es lo que te hace feliz, ¡adelante! Me refiero a otra cosa. Pensemos en lo que queríamos ser de niños. Teníamos toda la vida por delante y dependiendo de las materias escolares que nos gustaran más queríamos hacer veterinaria, o magisterio o medicina o cualquier otra cosa. Nadie sueña con un trabajo de nueve a seis en la oficina monótono y aburrido, aguantando a clientes insoportables, tragándote los atascos de cada mañana. Esas cosas no van con los niños, no las ven. Volver a esos sueños es escribir. Quizá en tu vida corriente no puedes dejarlo todo y viajar por el mundo. Con la escritura sí. En el día a día tienes obligaciones a las que atender. Hasta siendo escritora hay que llenar la nevera de vez en cuando para no morir de hambre. La diferencia es que también puedes vivir otras vidas. Salir de la bruma, elevarse encima de la niebla y disfrutar del cielo despejado. Vivirlo por tí mismo, soñando con los ojos abiertos, y hacer partícipes de ello a los demás cuando leen tus textos. Por unos segundos, la realidad queda a un lado y te enfrascas en un viaje alucinante. Si el escritor conoce bien su oficio puede que te enganche de tal manera que las horas te parezcan minutos, que seas capaz de pintar las imágenes en tu mente y sentir a través de los personajes. Si se documenta e investiga, podrás vivir mil vidas leyendo.

Deseos de eternidad

Los escritores, seamos conscientes o no, tenemos un constante deseo de eternidad, de dejar poso, de ir más allá. Escribes para tí; pero, tarde o temprano quieres que alguien te lea y te diga qué te parece lo que has escrito. Si está de acuerdo o no. Si le ha llegado. Si ha provocado alguna reacción. Porque ese es nuestro propósito vital. Lo que hace que nos levantemos cada mañana con ganas de ponernos ante el teclado y la pantalla. Es lo que despierta nuestra curiosidad y nos hace viajar a veces con la mente a veces en la realidad y conocer otras culturas, otros paisajes, otras gentes. Vemos las cosas con mentalidad de reciclaje, es decir, pensando en cómo podremos utilizar lo que vemos para nuevos mundos, nuevas ideas. Nos atrevemos a soñar con los ojos abiertos, seguimos esas ideas con deseos de eternidad, porque los libros son atemporales. En la actualidad leemos textos de personas que murieron hace mucho tiempo, siglos quizá. Sus cuerpos ya no están, pero, sus ideas permanecen, se interpretan y movilizan, generan pensamientos. Cuando eres consciente de ello no te conformas con escribir cualquier cosa de cualquier modo, buscas calidad hacer algo que merezca la pena y que vaya con tu forma de pensar, de entender tu vida, porque es tu legado. Sólo tú puedes escribir así, contar esa historia de esa manera. ¿Lo has pensado? Escribe para vivir, si es tu camino, pero, sobre todo, atrévete a vivir lo que escribes, a sentirlo en cada poro de tu piel, con los cinco sentidos, y transmitírselo a los que te leen. Cambiará tu vida y puede que la de los lectores también.

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