¡Vamos Estu!

Este es uno de esos post que salen de dentro, que se escriben img_7204sin pensar si está bien, si está mal, si se entenderá o no. La verdad es que da un poco igual. Sale de dentro. Quema. Impide conciliar el sueño. No hace falta más razón. Se escribe, se vuelca, se vomita si llega el caso y resoplas de alivio. Porque el Estudiantes, el Estu para sus aficionados,  es algo más que un equipo  que juega en España con más o menos suerte. Últimamente, ninguna suerte todo sea dicho. No es sencillo de explicar lo que representa uno de los decanos del baloncesto madrileño. No es fácil verle como colista en la ACB, despidiendo a jugadores emblemáticos en busca de mejores oportunidades deportivas y monetarias, arrastrando una deuda que aprieta el nudo de la garganta cada día un poco más. Lo que nació en 1948 en un patio de colegio de la mano de un grupo de estudiantes con el impulso de un profesor de latín, puede tener fecha de caducidad. En la actualidad es una de las mayores canteras de Europa, con unos 1000 chavales que aprenden cada día los valores de la vida, se forman como jugadores y como personas, a través del baloncesto. Eso es lo que hay que sentir, defender.

Valor más allá del económico

Habrá personas que se alegren de la situación actual, de todo hay. Pero a los que nos gusta el baloncesto de cantera, el de verdad, con corazón más allá de números en todas sus categorías no podemos estar contentos. Las decisiones equivocadas de las directivas han traído una situación que se percibe insostenible, que avoca irremediablemente a renunciar, a morir con las botas puestas. Porque descender llevaría a tener elegir entre apostar por ascender o la cantera en todas sus ramas, masculina, femenina e inclusiva. El dinero no daría para más. El Estu es mucho más que un equipo, son personas concretas no un negocio. Se han hecho cesiones para ir tapando agujeros, como entrar en patrocinios de casas de apuestas. Soluciones a corto plazo que no han dado el resultado esperado y que han generado conflicto entre la grada y la directiva. Ellos deciden y el público responde. El Estu también está más allá de el saber hacer o estar de sus dirigentes. Afortunadamente. Que el club sea rentable significa buscar resultados más allá del sentimiento. Quien invierte quiere recuperar aumentada la inversión, beneficios que van más allá de la calidad humana. ¿Cómo se rentabiliza la formación de los niños a corto plazo? ¿Es posible? Los actuales gestores no han dado con la tecla. La historia del baloncesto español tiene casos de clubs emblemáticos que perdieron la categoría y desaparecieron o tuvieron que reinventarse.

¿Elegir entre la razón y el corazón?

El Estu se encuentra en la tesitura muy complicada para su gran valor, la gran seña de identidad, la cantera. El pasado siempre estará ahí, lo que ahora preocupa es el presente y de él depende el futuro de muchas personas. Si examinamos la historia del baloncesto español, hay pocos equipos que no haya tenido en la pista o dirigiendo desde el banquillo a un canterano del Magata. Hasta algun político tiene un pasado azul. El proyecto vital está más allá de ascensos y descensos. Las lecciones aprendidas quedarán en la memoria de todos los que se formaron allí, jueguen donde jueguen, desde la ACB hasta la NBA hasta en la selección nacional. Eso nadie se lo puede quitar al club del Ramiro. En 70 años de historia han hecho muchas cosas de las que pueden estar orgullosos, sacar pecho como se suele decir.

Futuro incierto

¿Bajará? El proyecto económico y el deportivo van unidos. La verdad no me imagino la ACB sin el Estu, uno de sus socios fundadores, como no lo hacía en años pasados sin el Joventut de Badalona. Los jugadores del primer equipo, sean conscientes o no, llevan una carga histórica sobre sus hombros, una responsabilidad con los valores del escudo que portan, tienen un orgullo detrás. Necesitan recordarlo, empaparse de la actitud de los chavales que juegan en la Nevera. Está en su mano luchar por el proyecto. Muchos sueños dependen de su acierto y su coraje. Cuentan con el apoyo incondicional de los aficionados, locos o como les gusta llamarse, dementes, por este deporte, por este equipo. Para la solución económica no hay fórmulas mágicas. Pueden llegar inversores que entiendan el proyecto, pueden sumar entre pequeños accionistas o terminando por vender al mejor postor para convertirse en otra cosa. Lo veremos durante la temporada. Ahora hay que recuperar la actitud y la ilusión. No es problema del entrenador, de los jugadores o del club. Es un problema de cabeza, de mentalidad. El Estu siempre ha tenido garra, ha despertado simpatías, es hora de demostrarlo, se esté a tiempo o no. No pueden rendirse. Tienen mucho baloncestu que defender.

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