Emociones y pensamientos

¿Con qué escribes con la mente o con el corazón? Así, a bocajarro, para empezar bien el lunes. La verdad es que no me quito ni la cabeza ni el corazón cuando escribo. Para mí es un todo.  ¿En tu vida qué predomina, qué es más importante, las emociones o los pensamientos? ¿Hacia donde te encaminas con la escritura, hacia la perfección narrativa, hacia la forma o hacia la calidad humana del contenido? Responder con sinceridad a esas preguntas marca la forma de ser escritor. Sobre todo porque tarde o temprano te las vas a hacer y te darás cuenta de que el pensamiento sin la emoción no deja de ser un discurso carente de sentido, por muy bonito que sea. Al igual que los sentimientos sin pensamiento son volubles y efímeros. Entre las emociones y los razonamientos se mueve la voluntad, la decisión, que es lo verdaderamente importante. Por eso el hecho de escribir es ante todo un cúmulo de decisiones. Traemos al papel o a la pantalla pensamientos que hemos preseleccionado de forma más o menos consciente. Elegimos unas ideas y desechamos otras. Nos centramos en el presente, en el ahora, aunque revivimos emociones pasadas y expresamos aspiraciones futuras. Escribir nos coloca fuera del tiempo. Es como darle al botón de pausa en la vorágine del día a día.

¿Somos conscientes?

Al principio no. Cuando una persona se pone a escribe, siente un impulso y lo hace sin pensar en lo que conlleva. No sabe por qué, pero, necesita expresar algo. Ha visto en su mente una historia y quiere contarla. Necesita poner orden en sus pensamientos, soltar un sentimiento que bloquea… son muchas cosas las que nos hacen volver los ojos al papel y al boligrafo. De hecho, algunos psicólogos lo recomiendan como terapia porque es la forma más sencilla de adentrarnos en la mente. Ahí está todo mezclado, el pasado, el presente y el futuro. No hay tiempo ni espacio. Nuestros recuerdos se mezclan con nuestros sueños, con las aspiraciones y anhelos. Con la escritura fijamos el foco de la atención. Interpretamos a través de la revisión y de la imaginación. Puedes reflexionar sin escribir, mas eso puede llevarte a un bucle, como viviendo el mismo día eternamente, cayendo en la misma trampa una y otra vez. Pensar sin acción, sin propósito de cambio no ayuda. Al escribir nos sumergimos en el mar del pensamiento, de la realidad, y al tiempo lo vemos desde la orilla.

¿Todos pueden escribir?

Mi respuesta es que sí. Aunque no todos se dedicarán a ello. Es una herramienta. Puede ser una vía de escape. Recuerdo que me llamó mucho la atención el estudiar filosofía con profesionales de la salud. En los cursos de Mindfulness también había bastantes. ¿Hasta qué punto afecta al cuerpo las dificultades en la mente? ¿Podemos enfermar por nuestros pensamientos? Yo creo que sí. En nuestra sociedad triunfalista, el fracaso no se acepta. Nos educan desde el valor de las notas, cuando eso es el mayor engaño de la sociedad. Entiendo que hay que buscar un modo de evaluar los conocimientos, pero, me pregunto si de verdad nos estamos fijando en lo importante. Si un pez no puede trepar un árbol ¿por qué intentamos unificar a todos los niños? ¿Por qué les damos a elegir entre ciencias y letras? ¿Por qué hacemos que prevalezca unas por delante de las otras? Es una locura. Es como si diéramos más importancia al brazo derecho que al izquierdo, o a los pulmones antes que al hígado. No le pidas al corazón que respire. No servirá. Pero tampoco intentes vivir sin corazón. Cada uno debe ser fiel a su propósito aunque no lo comprenda en un inicio. Por eso para el pensamiento único que intentan imponer desde el poder, el individuo es tan peligroso.

Peligrosos e imprescindibles.

Al contrato social le interesa formar profesionales que perpetúen el sistema, que se integren en él sin cuestionarlo. Lo extraño es que nuestra sociedad solo avanza con los que van a contracorriente. Al tiempo que es a los que más se castiga. Necesita a los que se atreven a pensar y a sentir, a ser ellos mismos. Porque son los que hacen que evolucione.  De todos es conocido el ejemplo de grandes genios como Einstein que fueron ridiculizados por sus notas, por no dar la talla en lo establecido. A pesar de las dificultades, internas y externas, se atrevieron a seguir. Buscaron su camino en las ciencias o en las letras. Es indiferente. Se esforzaron por seguirlo, por muchas dificultades que se encontraron. Percibían el misterio, les quemaba por dentro buscar respuestas. Buscaron el modo, sin saber por qué. Sintieron miedo, aunque no les detuvo. Se jugaron la vida por sus planteamientos. Algunos pagaron con su vida en la hoguera inquisitorial de la sociedad. O acabaron con los huesos en el psiquiátrico, en el ostracismo. Fracasados en su presente, admirados en el nuestro. Encontraron el vínculo entre las emociones y los pensamientos, los equilibraron y fueron fieles a lo que vivieron. Quizá sea ese el camino menos transitado. Quizá sea el que nos lleve a la verdadera felicidad, a la unidad personal.

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