El espíritu de Ultreia

Quien me ha seguido en estos años sabe que este blog hasta hace unos días se llamaba “Ultreia”. Es una palabra conocida por los que hacen el Camino de Santiago y significa “Más allá”. Me he identificado mucho con ella, de hecho mi usuario en Twitter es @ultreiacris. Es como un recordatorio constante de mirar más allá de las apariencias, de los obstáculos, de las dificultades. De interpretar la realidad y actuar en consecuencia en vez de reaccionar. Es uno de los pilares de mi escritura. Voy más allá de las palabras. Es mi forma de vivir, ni mejor ni peor que otras. A veces me dejo llevar por los acontecimientos. Mi paciencia tiene un límite. ¿Quién no ha la perdido alguna vez cuando vas con prisa y ves un montón de gente en la cola del supermercado? No sirve de nada, pero, te alteras. La mayoría de las veces te calmas, aunque te rompan los planes y te acelere el ritmo vital. No nos gusta esperar más de lo necesario. Sobre todo no nos gusta que nos cambien los planes. Trastoca toda nuestra realidad. Sin embargo, al dejarnos llevar por esos sentimientos, esos nervios, estamos dando el control de nuestra vida a los demás, es como si tuviéramos que pedir permiso para ser nosotros mismos, para ser felices. Porque nos montamos una idea de realidad que no es real.

No me gustan las descripciones realistas

Lo siento, pero, esa es la verdad. El realismo del detalle me parece, con perdón para quien lo disfrute, insoportable. Reconozco la maestría de los escritores que lo practican como Pérez Galdós o Delibes. Pero a mi me aburren las descripciones de una brizna de hierba o de un huevo por ejemplo. Tanto detalle, tantos párrafos para decir algo que en tres palabras se ha entendido. Buf. Me cansa. Prefiero que me describan lo que siente el personaje, lo que experimenta al coger esa brizna o ese huevo. Porque esas emociones son lo que me interesan, lo que los humaniza, con las que puedo identificarme.Las emociones hacen que me sumerja en la historia, la pueda contemplar en la imaginación. Comprendo esas exhaustivas descripciones, pero, que nadie me las pida, porque no va conmigo.  Si las hago en algun texto es porque quiero destacar un gran impacto en un personaje. Y siempre lo haré desde su mirada, de lo que esa visión le hace sentir, lo que provoca. Me defino como impresionista. Con todo lo complejo que es moverse entre las pinceladas del intelecto y la imaginación.

¿Ir más allá?

Sí. Podemos quedarnos en la superficie de la realidad o ir más allá. No se trata de buscar constantemente intenciones ocultas. No voy por ahí. Sino de mirar el mundo desde nuestros ojos. Parece obvio ¿no? mas no lo es. Me explico. Miramos la realidad a través de pantallas, de intereses de otros. Les damos confianza. Suponemos que van a ser objetivos en los análisis y que nos van a contar la verdad. ¿Seguro? Basta con encender la televisión para comprobar que la objetividad no es que reine precisamente. Tenemos muchas cadenas, pero, pluralidad más bien poca. Las grandes ideas son politizadas cada día, intentando arrimar el ascua a la sardina que más interesa. Convivimos con la dialéctica marxista, que a su vez proviene de otros pensadores que nada tienen que ver con Marx. Nos nutrimos de las victorias de otros. Las ideas son buenas, la práctica no tanto. Todos tienen sus intereses. Y cuando te das cuenta de ello, la mezcla de hartazgo, desilusión y desconfianza se instala en tu vida. No digo que tengamos que creer a los políticos, para nada. Lo que digo es que los ciudadanos nos movemos entre dos opciones: “Piensa mal y acertarás” y “Piensa bien aunque te equivoques o te engañen“. Si desconfías de todo y de todos, prepárate para estar solo y a la defensiva en todo momento. El miedo será tu mejor compañero. Crispación y lucha marcarán tu vida. Vivirás entre enemigos. ¿Entonces? Tampoco digo que te pases el día poniendo la otra mejilla. Eso es de bobalicones. Tú decides en quién confías, a quien le das la oportunidad de entrar en tu vida. Si te hacen daño, decepcionan o fallan, tú decides si les das otra oportunidad o sigues tu camino dejándolo atrás. Por ejemplo, votas a un partido, te engañan o no lo hacen tan bien como esperabas… vota a otro, puedes elegir. Si te equivocas, pues vuelves a cambiar. Tienes la posibilidad de hacerlo cada 4 años si no es antes. Al menos por ahora en democracia es así.

A la única persona a la que debes fidelidad es a tí misma. Lo importante es que seas quien decidas tus pasos. Tú eres el responsable de tu vida. Que nadie te imponga tu camino. Podrás cambiarlo las veces que quieras. Se llama evolucionar. Pero si quieres hacer las cosas bien, hazlas sin importar lo que haga el resto. Esa es la diferencia. Detrás de una persona defensiva suele estar el dolor de una herida no curada. Por eso es bueno ir Ultreia, ir más allá de los actos y de las palabras. El mundo cambia, cuando nuestra actitud cambia.

 

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