Escritura a la carta

img_7128Los que no viven inmersos en la escritura no saben lo complicada que puede llegar a ser. Complicada y apasionante al mismo tiempo. Si solo fuera complicada, sería de masoquistas dedicarse a ella. Y sin embargo, una vez que escuchas la llamada, no puedes resistirte. Podrás posponerla, pero no resistirte. Porque sabes que a pesar de todo, tu felicidad está ahí, entre palabras. Al principio no se ve. Pero es una felicidad que va más allá de un instante. Escribir te ayuda a conocerte, a manejar ese autoengaño que a veces tenemos en la mente. Ves los puntos fuertes y los débiles, por así decirlo, desde tu propia humanidad. Y en ese conocerse, respiras libertad, eres feliz. Encuentras tu propósito vital, tu propio para qué estoy en el mundo. No importa todas las tormentas exteriores o las batallas internas. Si fallas sabes que eres humano y estás constantemente aprendiendo. Si triunfas, también sabes que es relativo, porque se lo debes a tu trabajo y al de todos los que te han precedido. Eso es liberador. No llevas todo el peso del mundo en tus hombros. Llegas hasta donde puedes y te sientes bien en tu piel. Lo sorprendente es que llegas mucho más lejos de lo que pensabas en un principio.

No hay varitas mágicas

Ojalá las hubiera. Porque son horas y horas las que se echan al revisar y editar un texto. Hasta un simple post lleva aparejado mucho tiempo en su elaboración, para documentarse y encontrar las palabras adecuadas. No siempre tenemos la inspiración. A veces las palabras se resisten a salir. O pones excusas. “No tengo tiempo para escribir“, “lo haré más tarde”, “no es tan importante”, “no es tan buena idea”. ¿Te suena? Si sonríes es que alguna vez te lo has dicho a tí mismo. Enfrentarse al folio en blanco, a la pantalla requiere valor. No tanto como puede parecer, pero, lo requiere. Hay infinidad de estímulos externos para no hacerlo. Vivimos rodeados de tareas pendientes que nos reclaman. Nunca hay tiempo. ¿O sí? Todo depende de la importancia que le des en tu vida. Crear el hábito es bueno, por supuesto… pero no lo crearás si no es importante. Si no te va la vida en ello, tarde o temprano, te cansarás, te aburrirás o te frustrarás y lo dejarás. Así de simple. Así de claro. Lo echarás en falta. Llenarás el tiempo con tareas para acallar la voz interior. No la silenciarás, simplemente harás como si no la escucharas, aun sabiendo que te alejas de tu felicidad.

Los textos no se fabrican, se viven

¿Escritura a la carta? Sí, por encargo. “Escribe sobre esto”. Como si los escritores fuéramos modernos Cyrano de Bergerac. Como periodista puedo hacerlo para contar unos hechos al público. Como escritora no puedo contar una historia si no me toca el corazón. No menosprecio a los que producen textos para venderlos como churros.  No es mi caso. Porque, antes que para los demás, escribo para mí y si a mi no me dice nada una historia concreta, por mucho que me lo pidan, no podré hacerlo de forma natural. Sonará artificial. O  salen de dentro, o los textos no dirán nada. Los importantes nacen de inquietudes que resuenan en el interior. Y en eso no hay encargos. Si quieres tocar el corazón, tienes que escribir desde el corazón. No es nada sencillo. Da miedo. Si lo hacemos es más por necesidad que por valentía. Exponer el corazón abre la posibilidad a que te lo apuñalen. Juegas en el delgado equilibrio de saber cuánto hay de verdad y cuánto de ficción. Escribes desde lo que conoces, a partir de ahí haces asociaciones, exploras en la imaginación y plasmas en palabras. Los textos no dicen lo mismo a todos. Cada persona que los lee los interpreta desde su punto de vista. Puedes leer para pasar el rato y olvidarlo al cerrar el libro. Puedes conocer al autor, autora en mi caso, y buscar qué es de lo que está hablando. Acertarás o te equivocarás. Más veces lo segundo que lo primero. O puedes personalizar, buscar por qué te ha llegado en este momento concreto, qué te está diciendo a ti. Si cada persona es distinta, ¿por qué buscar un mensaje común? Si quien escribe pone el corazón ¿por qué el que lee no? Se notan los libros de fast food, a los que tienes en la estantería para releerlos de vez en cuando. Es la opción más interesante, te sumergirá más en la historia, merece más la pena aunque requiere más esfuerzo lector. Tú decides.

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