Fito & Fitipaldis

He podido disfrutar de dos grandísimos conciertos en Junio. Muy diferentes, sorprendentes e impresionantes. No son comparables. Si el 14 disfruté de la puesta en escena de David Bisbal, un cantante, ayer fue una gozada ver en directo de una gran banda de músicos, Fito & Fitipaldis. Cada uno en su estilo son fantásticos. Bisbal es pura energia, Fito es pura poesía. Un concierto para saltar, dejarse las manos y los pies al trepidante ritmo del rock y escuchar los regalos que nos hacen con cada canción. Ambos me gustan, cada uno en su terreno es insuperable. Fito es casi una filosofía de vida con sus letras. Podría poner sus versos que más me han impactado, con esa voz rota y con esa guitarra que hace que te muevas, con una percusión y un saxofón que casi desgarra. Mientras escribo, estoy con Fitografia, un album que recomiendo si nunca has escuchado nada suyo, y si eres uno de sus asiduos seguidores.  Merece la pena leer canciones como Por la boca vive el pez, Antes de que cuente diez, Me equivocaría otra vez o La casa por el tejado. Cuatro de mis favoritas; un pequeño ejemplo de un poeta de la vida, curtido en mil batallas, con un estilo propio y casi canallesco. Hay una canción de Fito para cada estado anímico, al menos para mí, porque se nota que escribe desde el centro mismo del corazón, sangrando todo lo que escribe.

No hay fórmula para el éxito

Desde las siete y media el Palacio de los Deportes bullía gente y buena música. Muchachito sorprendía a propios extraños con un directo casi de hombre orquesta. Durante gran parte del mismo tocaba guitarra y batería al mismo tiempo, animando la espera del plato fuerte. Preludio de una gran noche. Con simpatía y buen hacer, Muchachito se ganó al público madrileño y con un gran directo que hizo que la hora y media para llenar la pista y acomodarse en las gradas se hiciera corta. Volvería a salir para contar con Fito, acompañados de dos guitarras españolas y un saxofón, como se podría hacer en el salón de casa, en una fiesta de sábado domingo (con permiso de los vecinos). Se notaba que estaban disfrutando, los frutos de horas y horas de práctica con la guitarra. Porque no hay fórmula para el éxito que no lleve tiempo y trabajo duro. Aderezado todo con un poco de suerte; algo que tarde o temprano llega si eres leal a lo que sientes dentro, a lo que mueve tu corazón a lo que te apasiona. Muchachito y Fito, todo un espectáculo en un escenario. No fue la única batalla musical que se vió ayer. La calidad del concierto crecía por momentos, hasta llegar a momentos en los que Fito era uno más dentro de la voz del público. Una sola voz, elevándose al cielo de Madrid, compuesta de cientos de gargantas, de todas las edades. Las nuevas generaciones sorprendidas por ver a los antecesores soltándose la melena como si estuvieran tocando la guitarra, se dejaban seducir por un grupo musical que convencía con su sonido, con sus letras y con su conexión entre ellos y con el público. Hubo más colaboraciones, como una gran fiesta entre amigos, Dani Martin, Fetén Fetén y Amaral. Una gran suma de talento, de corazones sin piel, de amantes de la vida y de la música. Los genios pueden perfectamente trabajar juntos y si hubiera estado Bruce Springsteen no habría desentonado nada, seguro que se lo habría pasado tan bién como los Fitipaldis (que habrían flipado todo sea dicho). 20 años de carrera compartida con los asistentes, pensando en los inicios en Vallecas o en encuentros casuales con otras personas. Cuando alguien lleva su pasión a flor de piel cualquier ocasión hace que la poesía surja, contagia e inspira. Fue impresionante ver a Fito cantar solo, con imagen en blanco y negro Rojitas las orejas, dedicándosela a una fan que se había encontrado con él antes del concierto. Más de dos horas de concierto, dos bises y casi sin voz se notaba que aun tenemos mucho tiempo para soñar despiertos con el arte de los fitipaldis.

Pura magia

Revivir el concierto de ayer es revivir momentos mágicos. Tener ganas de escuchar las letras con calma. Canciones atemporales. Porque son buenas, porque transmiten aunque las escuches cien veces y pase el tiempo. Si alguien se cruzara con Fito por la calle, sin saber quién es, se llevaría una impresión que es posible que fuera equivocada. Las personas son más que la apariencia, hay que tomarse el tiempo de conocerlas y descubrir lo que les apasiona. Una apuesta que lleva premio seguro, al menos en el caso de Fito Cabrales, un maestro de la guitarra y de las letras, quizá sin premio reconocido; Pero estoy segura que no le interesa lo más mínimo. Su premio es la magia de un directo, poder tocar con sus amigos, compartir protagonismo con la gente a la que quiere. Era fascinante verlos todos alrededor de la batería, para acabar cada canción con una sonrisa, juntos, como una familia. Tengo en la mente destellos, instantes que se quedan grabados, como cuando dejó el escenario a dos de sus compañeros que hicieron casi un duelo entre la guitarra y el saxofón, cuando dejaron al público tomar la voz cantante y se convirtieron en acompañantes en el escenario, verlos correr de un lado a otro con o sin guitarras para estar cerca del público. Manos rojas de aplaudir, calor humano a pesar de la climatización del recinto y una noche difícil de olvidar, llena de la magia de un directo musical. Sorprendente y para repetir, si se puede.

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