La flecha del corazón

IMG_3669Comienza donde estás. Y añadiría como estás. Porque llevo toda la mañana comprobando que el Mac hace lo que quiere. Y eso siempre genera un poco de nerviosismo. Se ralentizaba justo cuando tenía ganas y más o menos claras las ideas a tratar hoy. El firefox necesitaba una actualización. Descargar fotos, con las actualizaciones ha sido todo un reto. En otro tiempo me habría puesto muy nerviosa por la lentitud. Hoy no. Simplemente he dejado que el ordenador hiciera el trabajo y me he ido a la cocina a por un te. Tenía plan B, por si tardaba demasiado. Publicar con el iPad; pero también se está actualizando. ¿Será una conspiración tecnológica para quitarme mis ganas de escribir? Jajaja. No lo han conseguido y así he comenzado a hacerlo en papel. A improvisados problemas, soluciones eficaces, perseverantes. Por no decir, para cabezona yo. Y finalmente, todo se ha actualizado y ya estoy dejando correr los dedos por mi teclado iluminado. Todo como siempre era cuestión de tiempo y paciencia. Capacidad de adaptarse ante las pequeñas adversidades de la vida. Baste como entradilla a este post, que las circunstancias no nos deben impedir hacer lo que creemos que hemos de hacer, por mucha oposición que nos encontremos.

Comienza donde estás

A veces esperamos a que todo se posicione a nuestro favor para hacer algo. Es como si esperaramos al tren de las oportunidades perfectas. Y no llega. Siempre es mal momento. Supongo que si fuera asi, podría llegar el caso que la muerte se presentara y le dijeramos “Ahora no puedo”. Es como los propósitos de Enero, a estas alturas de año, en Junio, ya ni nos acordamos de ellos. Porque esperamos el momento perfecto, siempre con esa sensanción de huir hacia adelante. Lo dejamos todo para más adelante, para cuando tenga tiempo. Cuando realmente nunca vamos a tenerlo. Porque el tiempo lo tienen quienes se deciden a hacer cosas. Por poner un ejemplo, las oportunidades hay que crearlas. Si tu sueño es jugar en el Estudiantes, tienes que presentarte a las pruebas. Hace falta valor. Pueden no cogerte. Puede que te lesiones. Pueden pasar muchas cosas. Pero, desde luego que no va a pasar nada si no haces la prueba. Así, seguro que no jugarás en Magariños. Lo mismo se podría decir con cualquier otro sueño. ¿Publicar una novela? Empieza por escribir un manuscrito, revisarlo y mandarlo a las editoriales. El NO ya lo llevas. ¿Encontrar trabajo? Muéstrate, apúntate al INEM, envía CV y no desesperes. Nada es fácil en esta vida; pero si quieres algo, comienza a perseguirlo donde estás. Nada te asegura que venga la oportunidad ideal. De hecho, me atrevería a decir que siendo seres humanos, imperfectos, con la capacidad de meter la pata… no va a haber oportunidades ideales, sólo aprovechadas. Y eso que no creo que cuando la oportunidad pasa no volverá a presentarse. No volverá a ser como lo fue en ese momento, aparecerá de otra forma, nada más. Si la posibilidad de ser feliz fuera un solo camino, esta vida más que vida sería una tortura.

La flecha del corazón

Aproveché una oportunidad que se me planteó y me inicié en el apasionante camino del tiro con arco. Algo que me ayuda realmente a estar en el presente, a enfocarme y por qué no decirlo a relajarme. Es entrar en flujo, a no pensar en nada más. Repites una y otra vez unos sencillos pasos, con técnica, con disciplina y con apertura. Desde hace un tiempo pasé de la linea de tiro, del parapeto, al recorrido y a las dianas 3D. Ahí además de repetir movimientos, entra el instinto y el sentir el tiro. Un arquero puede saber si una flecha irá a la diana o se perderá en la espesura simplemente con la suelta. El arco se siente, es como si todo se parara alrededor, como si no existiera nada más que la diana, el arco y la flecha. Es algo que hay que experimentar para entenderlo. Entras en el fluir de la vida, conectas al mismo tiempo con lo más esencial de la vida. Casi es melódico, mágico, natural, primario. Y eso me lleva a pensar mientras recorro la distancia entre una propuesta y otra. No disparo a seres vivos, eso que quede claro. Pero me he preguntado más de una vez qué se siente si una flecha te alcanza. Digamos por poner un ejemplo, que voy andando y una flecha perdida me atraviesa el cuerpo. No es difícil de imaginar, hay muchísimas películas que muestran esas escenas de la vida medieval. ¿Me fijaría en la flecha o en quién la lanzó? Creo que estaría más interesada en lo que siento que en la persona que me aseteó. Pensaría en cómo sacar la flecha, si no me ha dado en ningún órgano vital. Pensaría en cómo curar la herida. Me daría igual el otro, porque es mi vida la que está en juego. Sería lo más normal, ¿no? Si eso es así en lo concreto, en lo que se ve, ¿por qué no actuamos así en la vida cotidiana? Me explico: recibimos impactos continuamente de emociones de los demás, disparos de furia, crispación, miedo, egoismos. Y en vez de mirar lo que ocurre en nuestro corazón, nos lanzamos hacia el que lo hizo. ¿Por qué? ¿No sería lo normal, curarnos nosotros primero? Por no hablar de que las flechas perdidas pueden pasarle a cualquier arquero. No somos perfectos, fallamos aunque no queramos hacerlo. Nervios, distancia, condiciones del tiempo, mentales, del material… son muchas cosas. El arco es la mayor cura de humildad, una flecha puede ser perfecta y la siguiente un absoluto desastre. No es fracaso, es aprendizaje. Y si eso es así en una disciplina concreta, ¿cómo no lo será en la vida cotidiana?

Todos tenemos un pasado

Porque cada flecha es distinta, una vez que se ha lanzado, con humildad se debe de olvidar. Una parte del resultado depende de ti. Otra no. Tienes intención de que haga blanco, otra cosa es que realmente suceda asi. Y cuando la lanzas, ya no la cargas en el carcaj hasta que la recoges. Y la lanzas a otra diana; con la misma flecha, haces otro lanzamiento. Nadie te reprochará un lanzamiento. Sin embargo, la diana tendrá un agujero, tendrá memoria. Lo que hacemos deja huella. Estos días la actualidad me lo recuerda una y otra vez. Hace un par de días se nombró a un ministro de cultura y deporte, Máxim Huerta. Y se ha montado cierto revuelo por ello. Porque en la red social Twitter dijo lo que opinaba del deporte como habla de otros temas. Como todo los usuarios por otra parte. Y ha habido bastante controversia. No tengo una opinión definida del nuevo ministro. Veremos cómo lo hace en su nuevo trabajo. Pero no voy a lanzarme a despotricar contra él, por algo que dijo en unas circunstancias concretas. Porque, al igual que yo, es un ser humano y tendrá lanzamientos acertados y lanzamientos para olvidar. ¿Le conozco personalmente? No. ¿Conozco sus circunstancias vitales? No ¿Conozco sus miedos, sus sueños, su historia? No… entonces ¿Por qué voy a dictar sentencias sobre él? ¿Acaso no es como yo? Si a mi me duele una herida, un flechazo ¿A él no le va a doler? Comprendo que estamos en un ambiente crispado… pero… ¿Nos lleva a alguna parte? Diría que no. Son personas que se exponen a la Opinión Pública, como todos cuando estamos de cara al público, sea cercano, contrario o neutral. Nos exponemos al público en una tienda, en un negocio, en un escrito… si eso es así ¿por qué juzgamos tan a la ligera, con tanta dureza al mismo tiempo? Acepto que juzguemos su trabajo, sus errores y aciertos; pero no cruzar al lado personal. Porque todos somos personas. Y sin embargo en la actualidad, los juicios personales están a la orden del día. En una sociedad tan avanzada, con tanta información, cada vez somos menos humanos, menos cercanos. Creemos que nuestra opción es la única y somos tajantes en ello. Practicamos constantemente la pedagogía de la O, casi en términos absolutos, inmisericordes. Y no creo que eso nos lleve a buen puerto, la verdad. Cualquiera puede equivocarse, algunos lo hacen a diario. Nadie está en posesión de la verdad, nadie es completamente bueno, ni completamente malo. Eso sólo son categorías que nos hemos marcado para entender lo que nos rodea. Todos llevamos luz y oscuridad dentro. Y las palabras se pueden malinterpretar, no depende de quien hable lo que entiendan los demás. Nada es tan absoluto. Sólo son lanzamientos, oportunidades, opciones, nada más.

Opciones, nada más

Vivimos un ambiente crispado. Hace poco leí a una persona llamar homófobo a Moncho Borrajo por decir “maricón”. Algo absurdo porque el cómico es un homosexual reconocido que tiene un fino sentido del humor y que puede gustar más o menos pero que dice lo que piensa. Con el ambiente actual, parece que lo normal es ser politicamente correcto, intentar no ofender a nadie. Pero intentar agradar a todos es casi de psiquiatra. Con todos mis respetos por los profesionales de la psiquiatría. Todos tenemos nuestras ideas, nuestras opciones y podemos expresarlas. Podremos cambiarlas si nos convencen más otras; pero eso no significan que valgan menos que los de los otros, que se pueden indignar u ofender. Un ejemplo: en Galapagar, Tommate, un negocio se unió a una feria de la tapa organizada por el ayuntamiento. La feria se llama el Séptimo Toro. Pues los antitaurinos inundaron la página del facebook de Tommate con comentarios, digamoslo así poco agradables. Antitaurinos y veganos, opciones respetables, como pueden serlo los que son taurinos y omnivoros. Hay gente que le gusta la verdura y gente que no puede ni verla. No pasa nada. Salvo cuando hay radicales, extremistas y se intenta imponer una opción al resto. Entonces hay un problema y miramos a quien lanzó la flecha más que la herida que tenemos en el cuerpo. Porque tanto taurinos como antitaurinos, homosexuales como heterosexuales, veganos y omnivoros, hombres y mujeres, tenemos un corazón, un estómago, un hígado, un cerebro, un cuerpo. Yo tengo mi opción, puede coincidir con la tuya, o no. Puedo escuchar la tuya; pero puedo no cambiar de opinión y eso es respetable. Si no te gusta, dejas de leerme y en paz. En el mundo de la navegación marítima hay una regla: todos los barcos se saludan entre sí. Es algo más que educación. Nunca sabes quién puede ayudarte si tienes problemas en el mar. Nunca se pierde de vista que puedes naufragar, que a cualquiera le puede pasar. Diciéndolo de otro modo, no juzgues, porque no sabes quién puede salvarte la vida, quién te va a donar la sangre que necesitas, el órgano que te dará más tiempo. Eso es ser consciente de la flecha del corazón, de que tu dolor es igual de las personas que habitan en la tierra. Date cuenta de la flecha que tienes en el corazón. Quizá así nos vaya a todos un poco mejor.

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