La generación puente

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Acercando etapas

Una de las cosas buenas de ir a congresos es que observas un panorama más amplio compartiendo ideas con otras personas. Nuestras visiones son limitadas pero cuando se juntan con otras, el horizonte se amplía. Llevo días dándole vueltas a este texto, cómo entrelazarlo y al final, he llegado a la conclusión que lo mejor es dejar que los dedos tecleen y que salgan las ideas como mejor crean. Si estamos más pendientes del formato que del contenido, es difícil que transmita algo de lo que realmente quiero decir. Palabras rebuscadas, giros ligüísticos que harán que nos perdamos más que en una tormenta de arena del desierto.

Vivimos en un momento de cambios, en una cuerda floja entre lo de siempre y lo que la tecnología nos ha dado. Los cambios en los últimos 20 años han sido tan rápidos e importantes que nos ha trastocado todo, la vida en todos sus aspectos. Cambios radicales a los que nos estamos adaptando como podemos o sabemos. Somos la generación puente entre la historia de milenios. Sí, conocemos la interacción entre un cassette y un boli bic, sabemos por qué el símbolo de guardar en los programas informáticos es un diskette. Hemos visto la televisión en blanco y negro, cuando eran dos canales, cuando había cabinas de teléfono y los buzones servían para algo más que para recibir anacrónicas notificaciones del banco. El mundo cambia.

Movilizados, conectados

El móvil hace que estemos conectados con el mundo las 24 horas del día, en cualquier lugar. Aplicaciones como whatssap, el email, las redes sociales nos permiten tener noticias y relacionarnos sin fronteras, sin horarios. Sólo necesitas un móvil con tarifa de datos. Ya no se utilizan las grandes cámaras para inmortalizar viajes o momentos curiosos. Podemos hablar con gente de cualquier parte del mundo sin ni siquiera ser un experto en idiomas.  Un mundo global, sin fronteras, donde tenemos acceso a cualquier información al instante. ¿Pudieron soñarlo nuestros padres o abuelos? Seguro que no. Éste es el mundo que le vamos a dejar a la siguiente generación. Nuestro legado. Más allá del medio ambiente, de los recursos naturales, de posibles deudas o riquezas.

¿Somos dueños de nuestro tiempo?

Una vez que tenemos el móvil en el bolsillo parece que siempre tenemos que estar conectados, a disposición de los demás, con disponibilidad de horario y de momento. En muchos aspectos está muy bien; pero el móvil puede distraer, hacer que vivamos pendientes de un dispositivo. ¿Nos estamos volviendo adictos a la tecnología, expertos en banalidades? Haced la prueba. Quitadle las notificaciones a los móviles o apagarlos durante unas horas. ¿Ansiedad? ¿Dependencia? ¿Eres capaz de establecer una conversación sin pantallas de por medio? Transmitimos un modo de vida a la siguiente generación. ¿No os recuerda a Matrix o Terminator? Las máquinas dominando a los seres humanos. ¿Exagerado? Desconecta el móvil, internet… ¿Te sientes raro? ¿Cuántas veces miras el móvil a lo largo del día? Puedes poner la excusa de que es para ver la hora si no llevas el reloj de muñeca; pero realmente es porque usamos esa ventana para conocer el mundo que nos rodea más allá de los 200 metros próximos.

El móvil es el presente y el contenido sigue siendo el rey

Tenemos el mundo en la palma de nuestra mano. Las grandes empresas que buscan innovar piensan en movilidad, en posibilidades de conexión más allá de la línea fija de la oficina. Ya no se entienden trabajos para toda la vida y estáticos. No entendemos de lobos solitarios, de compras sin segundas o terceras opiniones. La fidelidad a una marca pasó a la historia. Y los anuncios sirven para ver una segunda pantalla, echarle un vistazo a una red social o descubrir nuevos regalos originales. Hacemos turismo y antes que el mapa, investigamos en Foursquare, Tripadvisor ya que eso de acudir a una agencia de viajes para planificar o dar ideas limita las posibilidades de libertad, de no hacer planes. Escuchamos la voz de otras personas, bueno, la voz o la escritura, de igual forma que oímos a las empresas. Ya no sirve lo de emisor-receptor. Todos somos comunicadores. La voz de una gran empresa es igual que la del vecino del quinto. O quizá no. Porque a nuestro vecino le escuchamos más porque no quiere vendernos la moto con cualquier producto. Los antiguos sistemas de publicidad ya no valen. Funcionaban con gente que sólo recibía información de una fuente. Ahora somos multitareas y multimensajes. Recibimos muchísima información que nos puede distraer de lo que de verdad nos importa o que nos puede hacer que aceptemos algo de dudosa calidad. Tenemos criterio, por supuesto y sabemos lo que es bueno, lo que está de acuerdo a nuestras ideas, a nuestros valores. Podemos reconocer algo bueno. También es cierto que con tantas posibilidades, podemos perdernos gente brillante, buen contenido. Necesitamos tiempo para reflexionar en unas condiciones en las que tenemos relojes pero poco tiempo. Tenemos mucho más que las generaciones que nos precedieron pero no tenemos tiempo para disfrutarlo. Vivimos todo demasiado deprisa. Lo queremos todo para ayer, con calidad y profundidad. ¿Es posible? Con trabajo duro, y durmiendo poco. Nos desgastamos las fuerzas tras un sueño que puede alejarnos de nuestros hijos, de perdernos disfrutar del momento por inmortalizarlo en las redes, buscando cobertura. Podemos ver un amanecer en directo o verlo por streaming desde la pantalla. ¿Qué merece más la pena?

Nada de pesimismo

Cada uno dejará a los que vengan lo que cree mejor. La tecnología es buena siempre y cuando se utilice con criterio y poniendo el acento en la decisión del momento. La tecnología ofrece oportunidades, debemos saber discernir a qué concedemos la atención. Los tiempos que nos tocan vivir son los mejores para nosotros y donde tenemos que sembrar lo que queremos que recojan los demás. Somos una generación puente entre lo analógico y lo digital. Los mejores tiempos que podíamos vivir y los de mayores oportunidades. Llenos de incertidumbres, pero también de posibilidades, de descubrimientos, de ofrecer algo bueno. Mirar a través de la pantalla y lo que nos rodea. Una tarea apasionante y que merece que podamos reflexionar lo que queremos hacer. Nada de pesimismo. Que el tiempo es nuestro y no al revés.

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