Batallas y mazmorras

Adelante siempre  Cada mañana, cuando nos despertamos, tenemos dos opciones: Salir de la cama a la batalla del día o darnos la vuelta y volver a la seguridad de nuestra mazmorra. Tarde o temprano nos tendremos que adentrar en la realidad, ponernos la armadura y comenzar. Todos llevamos un guerrero dentro, hasta los más cándidos e inocentes, porque todos peleamos por sacar el máximo provecho al tiempo. Las motivaciones de cada uno son variopintas: una vida mejor, la felicidad, las cosas materiales, la responsabilidad. También nuestras armas son diferentes: algunos se dotan de la espada y el escudo de la experiencia, otros de la lanza del coraje, el látigo de la pasión o el arco de la audacia. Por supuesto que tendremos pesos que nos harán pensar más nuestras acciones, como el pasado, las cicatrices. Por muy buena que sea la armadura que portemos y seamos buenos guerreros, a veces se gana y otras veces se aprende, por tanto cuando entremos en batalla no nos quepa duda que nos tocará atacar y parar golpes. Las cosas no siempre salen como las planificamos, y debemos estar preparados para ello. Tarde o temprano nos derrotarán, porque somos mortales, de carne y hueso, de sangre caliente, de cansancio y de dolor. Perder de vista el dolor, es dejar las mejores lecciones para más adelante. Tarde o temprano nos ocurrirá. Tengamos el coraje de tener miedo y de afrontarlo con la naturalidad que se merece.

La vida es lucha

Pertrechados con nuestra armadura, dejamos la comodidad del descanso y nos adentramos en la vida. Es importante saber leer la batalla, saber a lo que nos enfrentamos y nuestras posibilidades de éxito. Pero, si es importante elegir bien la batalla, también es muy importante elegir bien a nuestros compañeros. Compañeros de fatigas, de alegrías y tristezas. Estar en un mal momento diría que lo puede hacer cualquiera. Ahora bien, aunque parezca lo contrario, estar en los triunfos, en las alegrías no es tan sencillo. Quizá el léxico nos haga dudar. Lo pondré más claro: las alegrías son el ataque de la vida y las tristezas, la defensa. Para defender puede estar cualquier conocido que se compadezca de nuestra situación; pero en el ataque, aparecen los dobles intereses, la envidia del éxito y la soledad del vencedor. Por mucho que nos lo nieguen, el segundo siempre quiere la posición del primero y no se resignará. Si es un amigo de verdad, se alegrará del triunfo. Pero si no lo es, si aflora la envidia, la alegría dará paso a los intentos de chantaje, a la utilización pura y dura. Por eso, elegir bien las batallas para superarlas con nuestro esfuerzo y elegir mejor a nuestros compañeros. Siendo flexibles. Los que estuvieron ayer, pueden no estar hoy; pero pueden volver mañana. Por ello es bueno que en cada momento veamos a los demás, no como obstáculos o puestos por el ayuntamiento en plan funcionario, sino regalos que engrandecen nuestra vida y por los que hay que dar gracias. Lo dicho, cualquiera puede enjugar una lágrima; pero no todos ofrecen una sonrisa sincera, sin mirar si tenemos o no una dentadura perfecta.

Cada victoria es distinta

Tenemos la armadura, tenemos las armas, estamos con los compañeros adecuados para la batalla y son los instantes previos. Medimos nuestras fuerzas. Obvio. Nadie en su sano juicio se meteria en una refriega sin haber calculado las tropas necesarias para la victoria. Hasta los más intrépidos lo hacen. Medir tiempos y recursos disponibles. Las debilidades, mejor que las sepamos con anterioridad, las amenazas a la luz. Las historias pasadas son señales perfectas y los monumentos igual. Podemos leer esas señales a cada paso de nuestro camino. Cuando viajamos, habitualmente nos perdemos por las nuevas ciudades y visitamos edificios, museos, lugares turísticos. En mi caso, soy de turismo de piedras. Ver castillos, esas fortalezas que parecían inexpugnables y que probaron a fuego, sangre y acero la perseverancia de los atacantes. Guerras de desgaste, con asedios continuos, como las olas que rompen una y otra vez en la misma playa, contra la misma arena y que al final la erosionan. Porque la vida es lucha, abrirse paso… desde que nacemos. Somos supervivientes con capacidad de aprender y aprovechamiento de las victorias de otros. Las llamadas de atención nos rodean, nos impactan como las bolas de cañón en una muralla. Podemos pasar por esa lección como los turistas ante un cuadro, con rapidez, intentando hacer una foto y ya está. O bien, podemos detenernos un minuto, entrar en la mazmorra, en nuestra guarida protegida y ver los detalles. Habrá momentos en la vida para las dos opciones. Las dos son válidas. Cada uno tiene su ritmo y lo que para uno es una derrota, para otro puede ser una victoria. ¿Cómo vives tu realidad? Hasta la peor circunstancia de tu día a día puede ser utilizada en tu beneficio. Todo puede ser aprovechado por quien quiere aprender.

Elige bien tus batallas. Elige mejor a tus compañeros

Visitar una nueva ciudad en soledad es interesante. Hacerlo con la compañía adecuada también. En esta era de smartphones, de redes sociales, corremos el riesgo de estar divididos, de tener demasiados impactos que nos aturullan. Si subes a la torre del homenaje o a la torre de la vela, mira a tu alrededor, cierra los ojos y escucha. Conecta con lo que te rodea, con la historia, con las ilusiones de los habitantes de antaño. Deja volar la imaginación. Pero… al tiempo mira a tus acompañantes. Pon el corazón en ti y en ellos. Podían ser otros, puedes dejar que la mente vaya a otros lugares, a otras pantallas. Más no descuides a quien está contigo. Mirar más allá y más acá. Lo hemos visto y seguro que lo hemos hecho. Estás cenando con tu pareja y una de las manos anda ocupada en una pantalla. Estar en lo que tienes que estar, aquí y ahora, sin distracciones. Eres multitarea, sí, pero mejor centrarse porque si no, la oportunidad pasa y al final puede que te arrepientas de no haber aprovechado más el tiempo. Eso es elegir bien tus batallas. Toma apuntes, pero atrévete a empuñar la espada, a tomar protagonismo. No sabemos quién puede necesitar nuestra fiereza, nuestro fuego interior. En toda ocasión, hay una oscuridad desconocida que nos puede sorprender. ¿Si hace 3 años te hubieran hablado de la complicidad que tienes ahora con tal o cual persona te lo habrías creído? Seguramente no. ¿Sabes quien puede abrirte esa puerta que tanto anhelas?¿Estás seguro? Las cosas pasan no por casualidad, sino por la mezcla de circunstancias. Si lo sabes, aprovéchalo. No se trata de utilizar a las personas de nuestra vida, sino de convivir, de compartir. Cada uno tiene que vivir su vida, andar su camino con sus zapatos, aunque rocen o sean incómodos. No hay oportunidades perfectas; pero, sí que hay personas perfectas para el momento concreto. Anda tu camino, atraviesa puertas que quizá otros sean los que te abran. Es bueno estar despierto y activo para ver a los mentores, a los maestros, a los amigos que estarán con nosotros, durante un trecho más o menos largo. No mires si mañana estarán ¿estarás tú?¿Lo puedes afirmar? No ¿verdad? Pues no mires ausencias, sino agradece que estan contigo, a tu lado ahora y acompañalos, el mismo camino, aunque a paso distinto, de procedencia y experiencia diferente. Juntos. Aprovecha. Disfruta con ellos.

Mejor “con” que “sin”

Lo reconozco. Soy fan de “con”. Con amigos, con sabor, con pelea… se vive la vida con pasión. Aunque haya dolor. Lo sin lo dejo para las bebidas cuando hay que conducir. Cualquier exceso es malo… ¿seguro? De lo material no lo dudo, de lo inmaterial, no sé yo. Todo tiene su punto medio y seguramente estará la virtud… más prefiero los extremos, el fuego o el hielo. Las estaciones intermedias no me gustan. Frío o calor, la temperatura media sólo deja indiferencia. No entiendo la neutralidad. Cuando quiero algo, lo quiero todo, hasta saciarme. Mi medida es diferente… es lo que me hace única. Prefiero las sumas a las restas. Bueno, realmente prefiero las letras a las cifras. Pero me adapto. Batalla o mazmorra, sea lo que sea, que sea lo que elijas y apostando por ello. Lo que es bastante para mi, puede ser insuficiente para otro. Con el ritmo natural de cada uno. Hasta estar parado en un atasco es hacer algo. Todo tiene su tiempo. No es igual hacer un filete a la plancha que un guiso de 500 pasos. No es lo mismo un ataque de guerrilla, que un macroataque. Todo tiene su preparación, sus antecedentes, su receta. Hay tiempo para la armadura y tiempo para ir a pecho descubierto o en paños menores o mayores. Ningun guerrero puede estar todo el tiempo en el fragor de la batalla. Tan importante es la lucha como la paz.

Aprovecha lo que te ayude y lo demás déjalo para otro. Sé protagonista y coprotagonista en la vida. Disfruta.

 

2 Comentarios

  1. Excelentes todos los que he leído, te felicito, sigue así, que cada uno va dejando algo clavado, que ayuda, que sorprende o que interesa. Felicidades

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