#gratisnotrabajo

Hace unos meses comenzó en Twitter una nueva campaña cuyo hashtag, o por decirlo en español, cuya etiqueta es la siguiente: #gratisnotrabajo. ¿En qué consiste? En hacer público algo que viene desde antiguo, las ofertas de trabajo basura en el mundo del periodismo. Porque ofertas malas ha habido siempre, desde antes que supiera que quería dedicarme a ello. Ofertas en las que la empresa en cuestión te requieren mucho. Solicitan personas bilingües, por no decir trilingües, con mucha formación, una gran experiencia, y si son de buen ver mejor que mejor. Y ofrecen sueldos que no llegan ni al salario mínimo interprofesional en bruto. Por no hablar de cuando solicitan de un número de posts determinados, pongamos 25 y te pagan 25 euros por los 25 post. Es decir que para tener un sueldo con el que vivir más allá de la beneficencia deberías escribir 1000 post de 800 palabras al mes. ¿Podéis calcular el tiempo que conlleva escribir un post? Por eso hablo de ofertas de trabajo basura. Como complemento, como hobby puede estar bien, aunque sinceramente creo que no compensa.

¿Por qué hemos llegado a esta situación? No se trata de buscar culpables. Antes de la crisis ya había ofertas así. Otra cosa es que la gente quiera aprovecharse. Supongo que va en función del valor que se da a una profesión. Y la profesión del periodismo, tiene, por lo que parece, bastante poco. Los primeros que no la hemos cuidado somos los propios periodistas, aceptando ofertas que no deberían ser aceptadas. Pero claro, si no lo coges tú, detrás de tí están 467 personas deseando que digas que “no” para decir ellas que “sí”. También está la profesionalidad. Cierto es que parece que cualquier persona puede comunicar. Digo que parece, porque realmente no es así. Los periodistas no tenemos colegio profesional. Contamos con diferentes asociaciones de prensa; pero para entrar a trabajar en un medio, no te piden el carnet. A veces no te piden ni el título, todo sea dicho. Y es un error, porque lo que llega a la sociedad no es de la mejor calidad posible. Más que periodistas, lo que tenemos son asalariados de la palabra, mercenarios de los medios. Vas donde te pagan más, sin importar si tus ideas van a la par o no.

Te vendes al mejor postor, porque hay que sacar adelante a la familia, pagar las facturas y hacer las cosas como mejor puedas. Se abaratan costes eliminando correctores, unificando secciones y al final no se sabe si estás escribiendo una noticia científica o para un público infantil. Un ejemplo de ello: hace unos meses leía un periódico por internet. Ya que voy a citar el caso, seguiré el consejo del refrán de “Se dice el pecado; pero no el pecador“. Era un artículo sobre esponjas marinas. En el subtítulo de la edición digital se podía leer: “Él vive en la piña en el fondo del mar”. ¿Divulgación científica? Supongo que el redactor escribió lo primero que le vino a la cabeza: Bob Esponja. En otro tiempo, el error se habría localizado antes de imprimir y hubiese dado origen a una reprimenda. En el mundo 2.0, el error fue leído por miles de personas, aunque fuera corregido a los minutos.

El mundo 2.0 es inmediato, cambiante, si no estás preparado puede caerte encima con la fuerza de una catarata. Por eso es necesaria la formación, y esa formación requiere tiempo y que se reconozca. En la actualidad, el reconocimiento se hace a nivel monetario. Si la empresa en la que trabajas te paga 1 € por post, ¿cuánto vale tu trabajo? ¿Cuál es el valor de una palabra? La sociedad quiere estar bien informada, con objetividad, con calidad; pero no lo valora. Puede que lo den por hecho y eso es un error. ¿Por qué? Porque que no te valoren cansa, mina y puede hacer que fantásticos comunicadores, se queden en la estacada. Que nadie se extrañe que con el irrisorio valor monetario, las parrillas televisivas se llenen de colaboradores, cuyo único mérito sea haber estado en una casa exponiendo su vida en un escaparate, o haberse acostado con tal o cual famosillo y contarlo. Si das un micrófono al más simple de la clase luego no esperes algo grandioso y complejo.

Por supuesto que entiendo que debe haber contratos en prácticas, para aprender todo aquello de la profesión que no aprendes en la licenciatura. Pero son eso, contratos en prácticas, no la tónica general. También es algo generado por los grandes medios, que ven más sencillo que los trabajos los hagan becarios que contratar en plantilla. Sale más barato, desde luego; pero el precio a nivel profesional es mucho más caro. Y si los propios periodistas no valoran su profesión, ¿cómo va a hacerlo el ciudadano de a pie? Me pregunto si, como me dijo alguien hace poco, la segunda profesión más inútil es la del periodista, detrás de los políticos. Yo no lo creo, la verdad. Pero ¿ése es el sentir de la sociedad? Sí, los periodistas no producen nada tangible de gran valor. Hasta la prensa escrita de papel tiene un precio muy asequible. ¿Se puede medir como un producto más la información? Que se lo pregunten a los que luchan por la libertad de expresión en los regímenes dictatoriales. Un pueblo que no puede expresarse libremente, que no puede informarse libremente, no puede crecer y eso es más importante que algo tangible como una máquina o un coche. La posibilidad de dar opiniones, de escuchar diferentes puntos de vista, es lo que enriquece a una sociedad, es lo que hace que avance, es lo que nos hace más libres, más humanos. Hasta de las opiniones que parece que no nos aportan nada, se puede aprender. El problema es que es todo tan subjetivo que no se valora. Y repito que los primeros que no valoramos y cuidamos esta profesión, somos los que la integramos, que aceptamos cualquier oferta sin pensar si nos conviene o nos está degradando. No vale cualquiera para informar, al igual que no vale cualquiera para hacer una casa o diagnosticar una enfermedad.

#gratisnotrabajo responde a un cansancio. Detrás está la asociación de la prensa de Madrid y una persona que se cansó de ver ofertas casi insultantes y que rayan la legalidad. Pusieron el foco de atención de una red como es Twitter en algo que ocurre y que debería convertirse en un mal recuerdo. De ahí, surgió un manifiesto de defensa de la profesión. Algunos lo verán como un recurso del pataleo que sin medios o figuras importantes detrás no llegará a ningún lado. Quien sabe. Un granito de arena no es nada, ni siquiera molesta en el zapato. Pero si a un granito de arena, le sumamos, otro, y otro, y otro, podemos conseguir una playa entera.

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