La varita, el Mac y el Storytelling

A veces para moverse por la vida parece que tenemos que contar con las últimas herramientas disponibles. Está muy bien estar al día con la tecnología; pero tener por tener no merece la pena. Es necesario saber usar dichas herramientas, porque tenerlas como si fuera un trofeo o un adorno, no vale para nada. Las tres herramientas que ilustran el post, y que de hecho forman el título son un gran ejemplo de lo que estoy diciendo. Tener lo último es importante; pero saber utilizarlo lo es mucho más. Por no hablar del hecho que cada día surgen nuevos inventos. Lo que es hoy, la última novedad, mañana estará anticuada. Así que más que tener el último aparatito, es preferible sacarle el máximo provecho a lo que se tiene. Y esa es una tarea complicada, porque la mayoría de las veces hacemos colección de manuales de uso sin leer, todavía envueltos con el plástico del fabricante. ¿Nos da miedo leer? No lo sé. Preferimos jugar con el aparato en cuestión y ser autodidactas. También preguntamos; pero leer el manual ¡buf, qué pereza! Reconozco que hay manuales que parecen engrudos de lo densos que son. O que hace falta tener un diccionario al lado para leerlos. Entendemos cada palabra; pero en su conjunto es más complicado de leer que a Hegel. Como diría alguno, “sí, estoy leyendo en español y sé que quiere decirme algo; pero no sé qué es“. Supongo que la virtud está en el punto intermedio, hay que leerse algo parecido a una guía rápida y después practicar por nuestra cuenta. Porque saberse la lección y no aplicarla, tampoco vale.

¿Qué tienen en común la varita, el Mac y el Storytelling? Los tres son herramientas que en buenas manos pueden dar mucho de sí. La varita mágica, en manos de un no-mago, sirve lo mismo que una rama seca. Como mucho, en plan batuta de una orquesta imaginaria. ¿Las varitas tienen magia? Gran pregunta. Algunas veces la realidad nos pide que la hagamos. En nuestro día a día. No hace falta irse más lejos. En el trabajo a más de uno le piden que haga los túneles de la M-30 con una cucharilla de café. Y que los tenga para ayer, por supuesto. Y puede poner la mejor de las intenciones, hacer el mayor de los esfuerzos; pero de un melocotonero no se pueden sacar sandías. La magia existe, se llama realidad. ¿A que parece que estoy jugando con las palabras? Pues es verdad. Cada día puede tener algo mágico, algo que te sorprenda y te haga preguntarte ¿Cómo se hace eso? Sólo tienes que mirar, que saber mirar. Porque en el día a día hay muchas cosas que se te escapan. Algunos lo llaman, inspiración, otros sueños, otros ideales. Intentamos ponerle nombre a algo que intuímos, que creemos, que tocamos con la mente pero que no vemos. Ya que tenemos la varita, llamémosle magia. Magia para convertir el trabajo en oportunidades de mejorar la sociedad y la vida personal. Magia para dejarse sorprender en las pequeñas cosas. Magia para arreglar problemas que parecen grandes como montañas y son pequeños como átomos. Que cada uno ponga la palabra que quiera. Le podemos llamar magia como le podemos llamar inteligencia.

El Mac. ¿Caes en la tentación, te han empujado o directamente has saltado hacia ella? Pongo el Mac, pero podría poner el PC. Ambos son tecnología que, se supone, sirve para hacer la vida más fácil, para poner orden en el pensamiento. ¿Hay algo que desbarata más la mente que los ordenadores? Hazte la siguiente pregunta ¿cuántos números de teléfono recuerdas? Sin hacer trampas, si pasas de 10 eres un genio. Me pasó el otro día, haciendo limpieza en los teléfonos, recibí un mensaje felicitándome el año. Y, no sé de quién era. ¿Qué hacer? Mandar una contestación al estilo “¡Feliz 2012! Disculpa ¿quién eres?” No queda muy elegante; pero quita toda incógnita. Me di cuenta de que pocas veces firmamos los SMS, los Whatsapp, o los mails. En el mail es sencillo, pones la firma automática y arreglado. En los mensajes cortos, nos parece una obviedad firmar. Y en los números habituales lo es, aunque no vendría mal para los que tenemos memoria Dori. ¿Propósito para el 2012? Firmar los mensajes cortos. No vaya a ser que tu amigo del alma, haya cambiado de número de teléfono y no lo sepas.

Se pueden hacer grandes cosas con la tecnología, que es lo que representa el Mac. Cada vez la usamos más en nuestro trabajo, en nuestra vida cotidiana y nos parece extraña la gente que no le da importancia. Depende del ambiente en que te muevas, por supuesto. Eso sí, una vez que entras, es como una adicción consumista. No sabes estar sin ella. Nos cambia hasta el lenguaje. Escuchar a dos “tecnofílicos” es para impresionarse si no estás en ese mundo. Que si whatsapp, que si hashtag, que si DM, que si TT, que si FF que si banner, que crowdsourcing, crowdfunding, engagement… todo tiene que sonar muy técnico, muy inglés y si puedes decirlo en tres o dos letras mejor que mejor. Porque los que están en ese mundo del 2.0 saben de lo que hablas si nombras SEM, SEO, KPI, PPC, B2B, ROI, IOR… y ¡ojo! con usarlo si no sabes lo que significa. No se trata de ser un gurú, pero a uno se le pilla rápido, aunque no se le vea la cara. En el 2.0 todo lleva tiempo aunque no lo tengas para estar al día. Son herramientas para conectar personas, todo en nuestra vida está hecho para crear lazos, para crear puentes entre las personas. Podemos ponerle el nombre más complejo que si no tiene utilidad para facilitar la comunicación, no servirá. La gente está deseando ayudar, no por gestión de vanidad, sino por compartir. Y compartir significa aportar algo. Es sencillo porque todos podemos aportar algo. El problema proviene de no tener muy claro qué es lo que puedo aportar yo. Tener una buena herramienta es esencial; pero antes piensa qué puedes aportar. No se puede tener un ordenador fantástico, que sea la bomba y utilizarlo para jugar al solitario. Hay que sacarle partido, hacer magia y descubrir las posibilidades que tienes al utilizarlo. Al principio lo nuevo puede intimidar. Teoría y práctica, como ya he dicho, si quieres usar un programa, una aplicación, un sistema operativo, pregunta y prueba. Puedes mucho más de lo que das.

El Storytelling. Lo reconozco, las cifras me aburren de forma casi inimaginable. No sé en qué especie estamos, si en Sapiens, ludens o alguno en homo habilis. Lo que sí sé es que las cosas, las posibilidades se ven mejor con las historias. Quien trata con niños lo sabe. Puedes razonar con ellos en plan adulto; pero si quieres que comprendan algo, cuéntales una historia. Eso es el Storytelling, eso que parece que es una novedad y que el ser humano lleva desde tiempos ancestrales poniendo en práctica. Tendremos mucha tecnología; pero seguimos siendo muy básicos. Cuando nos relatan algo, nos implicamos más si la historia toca al que escucha. Y para eso, primero hay que creersela uno mismo, haberla vivido, haberla respirado. Por eso damos más o menos credibilidad al interlocutor. Si das cifras o teoría pura y dura, la gente desconectará. Si hablas desde la experiencia, sin ponerte en plan catedrático, dejando que cada uno llegue a sus propias conclusiones, entonces la cosa cambia. Se trata de saber mirar la realidad, de enseñar a aprender, a razonar de forma alternativa. Puedes guiar, poner señales o dar mapas; pero el camino lo deben recorrer los que te oyen. La libertad y la voluntad son de cada uno, es algo esencial e intocable.

La varita, el Mac y el Storytelling son tres pasos para enfrentarse a la realidad. Se mezclan cada día, cambian de nombre e incluso de apariencia. Pero todos tenemos, aunque a veces no lo veamos o no lo sepamos nombrar, esas tres oportunidades: Magia, conocimiento e historia.

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