Conexión emocional

Me maravilla la capacidad de conexión emocional de algunas personas. Tienen una sensibilidad especial que va más allá de sentir lástima por una situación. No me gusta sentir lástima. Porque ello implica que te quedas tal cual, como cuando ves un escaparate que pasa sin pena ni gloria. No le dedicas atención, gastamos cero calorías en ello. Creo que, si hay que sentir algo parecido, es mejor la compasión, compartes el dolor y te mueve a hacer algo. Algo que va más allá de apagar la tele cuando sacan esos anuncios de concienciación en Nochebuena o Nochevieja. Mientras algunos están hartándose de pavo, pollo, besugo o lo que sea, otros se pelean por una monda de patata en una olla de 15 litros. Y no es necesario que nos vayamos al cuerno de África, pues la crisis está haciendo verdaderos estragos en el “primer mundo”. Nada te asegura que vayas a estar bien, porque cada uno tenemos lo nuestro. Y, aunque parezca malo, es bueno que sea así. Eso es lo que nos hace estar despiertos, mirar alrededor con ojos humanos, más allá del interés y de lo que podamos sacar de los demás. Es lo que nos hace tener sentimientos hacia los demás, conectar emocionalmente.

Es muy diferente conectar emocionalmente a querer sacar algo del otro. Los cuentos, por ejemplo, siempre nos hacen conectar con la historia. Siempre hay una moraleja, algo que nos haga reflexionar. No siempre tienen que darnos las respuestas, ni que los que escuchan la historia, la comprendan de igual modo. Porque cada uno tenemos nuestros oídos y nuestro tamiz por el que pasa la realidad. Entonces ¿es posible conectar emocionalmente con una audiencia más o menos amplia? No hay recetas milagrosas, ni varitas mágicas; pero creo que sí, porque lo he experimentado. Conozco a personas que, aunque hablen a un auditorio lleno de gente, parece que están hablando con una sola persona. Me asombran; porque parece como si se supieran la historia de cada uno, te sientes interpelado en medio de la multitud. ¿Cómo lo hacen? Algunos lo llevan en la sangre, otros lo aprenden en la escuela de la vida. No hay seminarios para ello, si no lo llevas dentro. ¿O quizá sí? No sé, yo no me he encontrado con ninguno de ellos. La oferta de posgrados y máster es amplia y variopinta; pero no he visto ninguna que se asemeje, y si ofrece algo parecido, seguramente su gestión de expectativas no sea buena. ¿Por qué? Porque no se puede enseñar a tocar el corazón. El marketing lleva años a base de prueba y error. Lo que va a las mil maravillas en un sitio, puede que no funcione una calle más allá. Lo que nos convence a una edad, es increíble con un año más. Puedes medir y medir, que siempre habrá algo que se te escape. ¿O es que nos llevamos bien con todo el mundo? Podemos conocer un grupo de personas, ya sea en persona física o virtual, y siempre tendremos más afinidad con unos que con otros. Y hay personas que estuvieron en el pasado y que sin embargo, desaparecen en el presente. Gente que fue muy importante y que si te los cruzas por la calle pasan como si fueran completos desconocidos, con los que ya no compartes nada. Y si intentas  entablar una conversación, es posible que esté llena de recuerdos y deje el corazón, como poco extrañado.

Corazón. ¿Será esa la clave? El ser humano habla del corazón más allá de lo que es realmente, un músculo que bombea sangre al resto del cuerpo. Cuando hablamos con el corazón, llegamos a las demás personas, es un canal seguro para acoger al otro. Porque el otro nota cuando nos están vendiendo la moto a cuando estan poniendo en juego la vida, lo que es importante. Puedes trabajar a base de dinero, a base de inteligencia o con un par de … (añadir lo que queráis). Pero si no pones el corazón, no te llenará. No importa lo que hagas, si es tornillos o tomar decisiones gubernamentales. No se trata de ser sensiblero, sino de conectar emocionalmente. Si reconoces al otro como una persona, como otro corazón, es difícil que le hagas mal. Introduces humanidad y la cosa cambia. Ya no son 5.000.000 de parados, sino 5.000.000 de personas con sus historias, con sus sueños, con sus vidas e lusiones quizá truncadas. No son ciudadanos de segunda por no tener un sueldo remunerado, no son esclavos por cualquier precio, son personas. No son sólo negocios, tienen un valor y una experiencia que va más allá de lo que el currículum pueda indicar. No son una cifra, una estadística. Nos han vendido la idea de que los negocios son fríos, que es importante la competencia y el estar por encima de los demás. Las empresas que son sólo una máquina de hacer dinero pierden su principal activo, deshumanizan y, aunque produzcan muchos dividendos, fracasan, son como esos imperios que terminan cayendo por su propio peso.

Corazón. Es lo que llena de sentido el día. No se toca de cualquier forma. No se vende, sino que se entrega. Y para conectar, basta con una sonrisa sincera, con una mirada limpia de intereses. ¿Se puede enseñar? Es posible, si sabes desaprender como dice una marca en sus anuncios. Si sabes quitar la hojarasca de lo accesorio y te quedas con lo auténtico. Lo que tú hagas depende de tí. En donde estás eres importante aunque no tengas títulos ni reconocimiento monetario. Piensa en los demás y así puede que cuando vayas a dormir, te sientas satisfecho. De hoy en hoy. El pasado tendrá sentido, sería una buena historia y el futuro será una propuesta interesante y esperanzadora. Aunque tengas dificultades, podrás sonreir y tu vida será una provocación y un interrogante para los demás. Se producirá esa conexión, si antes de mirar al otro, miras en tu corazón.

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