Señales

Es curioso cómo sabemos interpretar unas señales y otras no. Cuando vamos por un camino, en un cruce podemos dejarnos guiar por ellas para llegar a nuestro destino. No importa si vamos a pie o con un vehículo, siempre que tengamos un poco de conocimiento, podremos interpretarlas. Si están en nuestro idioma ayuda mucho, por supuesto. No sé cómo me manejaría con señales en otro alfabeto o con otros signos. El día que vaya a China o Japón ya os lo diré si no hay señales conocidas. Desde que nacemos, nuestra cultura y nuestra experiencia propia nos hace que aprendamos las señales, que las conozcamos y podamos emplearlas y seguirlas para el buen funcionamiento de la sociedad. Si, circulando con el coche, vemos una señal de prohibido adelantar, la mayoría la haremos caso. Recuerdo que estando en Sicilia, me llamó mucho la atención el hecho de que allí se conducía de forma muy diferente. Y eso que están en Europa. Íbamos circulando por una carretera que tenía doble contínua. En todos los códigos de circulación que he leído una doble contínua impide adelantar, aunque el que vaya delante circule a paso de tortuga. Pues bien, nos adelantó un coche de la policía. “Irá de emergencia”, pensamos. Pero lo que nos llamó la atención fue que detrás de él, nos adelantaron un montón de coches más. “¿Todos eran policías?” No creo, porque alguno en el que me fijé eran familias con niños. Quizá tuviera su explicación; pero en aquel momento me sorprendió y no la encontré. ¿Los códigos son relativos? Bueno, creo que he visto más de una ocasión en las que nos los saltamos a la torera, sobre todo en lo que a velocidad se refiere, aún a riesgo de nuestro bolsillo. Pero, qué duda cabe, que hasta los más anárquicos necesitan reglas de conducta, señales para conducirse por la vida.

También hay otro tipo de señales que van más allá del ser humano. Y no me refiero a esos fenómenos inexplicables de los que nos hablan los capítulos de Expediente X, sino por ejemplo a la meteorología. Con la simple observación del cielo o de los elementos, podemos saber más o menos el tiempo que nos vamos a encontrar. El refranero español tiene numerosos ejemplos de esa, llamémosla así, sabiduría popular sólo con la observación del comportamiento de los animales. Si hay viento y huele a humedad, es casi seguro que va a llover. Si el cielo está estrellado, en invierno helará. Podría poner muchos ejemplos de ello.

¿Y en nuestra vida personal? Nos encantaría tener señales y saber interpretarlas así. Saber qué hacer para no equivocarnos con nuestras decisiones a la hora de aceptar un trabajo, elegir pareja o los alimentos adecuados para no hacer daño a nuestro estómago. Parece sencillo; pero no lo es. No siempre trabajamos en lo que nos gusta. A veces hasta tenemos la sensación de perder el tiempo. ¿Cuántas veces hemos oído que tal o cual actor se equivocó al elegir tal papel en el teatro o en el cine? Pues a la gente de a pie, también nos pasa. ¿Elegimos bien cuando nos enamoramos? Los científicos han llegado a decir que nos guiamos por el olor de las otras personas, que hay algo tan instintivo como el reaccionar más allá de la apariencia por el sentido de perpetuar la especie que todos tenemos dentro. Suena muy poco romántico, lo reconozco. Nos encantaría tener un manual de conducta, de usuario o hasta para torpes en nuestras relaciones con los otros. Esas señales que nos permiten conseguir nuestros objetivos. Es como cuando eres madre/padre y el bebé empieza a llorar. ¿Cambian las cosas si eres primerizo o ya tienes experiencia? Sí, aunque el hecho sea el mismo. La prueba y el error nos hacen conseguir experiencia, a veces con un alto precio. No podemos controlarlo todo. Ni el más sabio puede librarse del aprendizaje. Estamos constantemente aprendiendo, por mucho que hayamos hecho un camino muchas veces. Las señales ayudan; pero somos nosotros los que decidimos seguirlas o aventurarnos a hacer algo distinto. A veces hay que correr riesgos.

Nuestras vidas pueden ser señales para otros. Ser conscientes de ello conlleva una gran responsabilidad al tiempo que tenemos que ser nosotros mismos. No se trata de hacer cosas complejas, que nadie entienda y que sea inservible, sino de dejar poso, de vivir lo mejor posible, algo que no se refiere sólo a lo material. Mirar al otro más allá de lo que nos dé. Vivimos en comunidad, si pensamos que andamos solos, no dejaremos las señales para los siguientes y si eso lo hubieran hecho los que nos preceden ¿cómo caminaríamos nosotros? No podemos ser egoístas, cuando no lo han sido con nosotros.

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